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miércoles, 30 de enero de 2019

Lo que todo escritor desea

"   Abreviaré los detalles de esta trivial historia. Helenda (la esposa del gerente) leyó mi manuscrito mientras yo flotaba en líquido renovador. Le gustó. El mismo día que me sacaron de mi recipiente del Hospital de la Compañía, Helena se teleyectó a Renacimiento, donde mostró mis Cantos a su hermana Felia. Ella tenía una amiga cuyo amante conocía a un asesor de publicaciones de la editorial Transline. Cuando desperté al día siguiente, las costillas rotas estaban soldadas, el pómulo astillado había sanado, las magulladuras habían desaparecido, y además tenía cinco dientes nuevos, una córnea nueva en el ojo izquierdo y un contrato con Transline.
   El libro se publicó cinco semanas más tarde. Una semana después de eso, Helenda se divorció del gerente y se casó conmigo. Era el séptimo matrimonio para ella, el primero para mí. Fuimos de luna de miel a la Confluencia y, cuando regresamos un mes más tarde, se habían vendido más de mil millones de ejemplares de mi libro -el primer poemario que figuraba entre los libros mejor vendidos en cuatro siglos-. Yo era varias veces millonario."

(HYPERIÓN, de Dan Simmons, Colección NOVA, 2017)




No conozco a ningún escritor que diga "Quiero ser muy leído y no quiero mis royalties de derecho de autor."
Hay que tener ilusiones. Aunque mil millones de personas te digan que no puedes, si tú crees que puedes, inténtalo.
Fantástica lectura, HYPERION. En los dos sentidos de la palabra. Una maravilla. En ella sigo esta semana.

PD: ¿Existirá alguna editorial real que se llame Transline?

domingo, 31 de diciembre de 2017

Tres deseos para 2018

Ahora que nadie mira los blogs, y menos hoy a 31 de diciembre, os apunto cuáles son mis deseos para el 2018.

-En lo literario, la publicación de un nuevo libro.
2017 ha sido para mí un año irregular. Esperaba la publicación de una nueva novela, que estaba incluso contratada, pero las fusiones editoriales pudieron más que los buenos deseos y las promesas. Creo que el mercado editorial tradicional seguirá reduciéndose, habrá más fusiones y reestructuraciones de las editoriales, y eso se traducirá en menos títulos publicados. Esas son malas noticias para las ilusiones de los autores. Pero las editoriales son negocios, no fabricantes de ilusiones. Eso se traduce en que todos los autores debemos asumir eso, habrá más competencia. Y en eso doy la razón a Ken Follet: no podemos quejarnos de que se venden menos libros, sino que tenemos que esforzarnos para escribir mejores libros.
En eso sí me he esforzado. Terminé en 2017 un nuevo manuscrito, revisado y todo, y empecé otro, a 1500 años de distancia del anterior. El primer hito ya lo he cumplido hace una hora: he alcanzado 100 páginas del primer borrador antes de la finalización de 2017.
Como todo está como está, sigo confiando en la labor de mi agente literario, y espero que alguno de mis vástagos inéditos (tiene 4 en su poder) alcance las imprentas y los lectores en 2018. Espero tener pronto noticias.

He leído bastante este año. Para mí, mi lectura del año ha sido AZTECA, de Gary Jennings. 10/10.



-En lo laboral, encontrar un nuevo trabajo.
Ya he cruzado eso que llaman la Crisis de los 40. Y en crisis sigo. Espero cambiar mis circunstancias laborales, a mejor si es posible, y no me refiero solo a lo económico. A veces otros aspectos tienen prioridades, como el sentirse valorado (no me siento), el trato personal (poco), la atención a sugerencias propias de cambios (ninguna), adaptación a nuevas situaciones personales (ninguna), la formación continua prometida (ninguna). Por decirlo literariamente, este barco ya no me lleva a ninguna parte, así que pronto me lanzaré al agua, con salvavidas o sin él.

 -En lo personal, aumentar la familia.
No es lo menos importante, aunque lo comente lo último. Los años pasan volando y hay ciclos que se dan unos años en la vida y ya nunca más. Si mis dos primeros deseos se cumplen, este último será fácil de lograr. Si no, lo mismo tocará tomar varias decisiones arriesgadas.

Con las nuevas tecnologías escribir es más fácil. Hace dos meses que escribo también con el móvil, con una aplicación llamada Writer. Cualquier tiempo muerto es bueno para sumar unos párrafos. Y sumando, llegas a páginas, de páginas a capítulos... Me está cundiendo más. Luego lo vuelco al ordenador y lo fusiono con el texto en Word. Así estoy inmerso en la historia en todo momento, todo hueco es para escribir algo, poco o mucho, pero algo.
Encontrar tiempo ha sido a costa de otras cosas, como renunciar a las Jornadas de Granada, que no hemos podido mantener. La ilusión se desgasta y también hay decepciones. Pero la vida es superar decepciones. Y escribir, que no falte.



Escribid mucho.
Feliz 2018 a todos.

Blas Malo Poyatos
blasmalo@yahoo.es
www.blasmalopoyatos.com

viernes, 9 de diciembre de 2016

Mis dos centavos: los consejos de Albert Zuckerman

Relax. Un escritor necesita alimentarse de lecturas y es lo que he hecho este último més, desde la conclusión de las VI Jornadas de Novela Histórica de Granada en noviembre. Jornadas que en su conjunto fueron un éxito, con cambio de sede, nuevos patrocinadores y buena presencia de público. Los autores invitados (Luis Zueco, Luis García Jambrina, Andrés Nadal) creo que se llevaron buenas sensaciones de su paso por Granada. El staff de JORNADAS (Blas Malo, Carolina Molina, Mario Villén, Noe Ibañez, Sara Esturillo) acabamos agotados pero satisfechos.

Podéis leer una crónica del evento AQUÍ

También me ha dado tiempo a pensar cómo mejorar mi escritura. En cómo escribir mejor. Indagar por qué algunos libros y autores me gustan y emocionan, cómo lo hacen, cuál es su técnica. Un autor que me encanta es Ken Follet, sobre todo su primera época. Quería su consejo. Lo obtuve, a través de un libro: "Escribiendo un best-seller", escrito por Albert Zuckerman, agente literario de Ken Follet y fundador de la agencia The Writer House. El libro fue publicado en 1994 y analiza 5 grandes éxitos literarios en ventas (entre ellos "El padrino", de Mario Puzo; "El hombre de San Petersburgo", de Ken Follet; y "Lo que el viento se llevó", de Margater Mitchell) y bucea en sus borradores.


Las novelas que analiza las leí en su momento, y la de Kenny me encanta. Lo mejor del libro es que Kenny aportó los 3 borradores previos a la versión definitiva, y se muestra y analiza cómo cambian y mejoran, y por qué. De primeras se ve que hay una buena idea de fondo, pero que debe concretarse en una buena historia, añadiendo, quitando escenas y personajes, y no temiendo hacer modificaciones.

El prólogo de Ken Follet al libro anima a cualquier aprendiz de escritor:

"Hay tres cualidades que un narrador necesita poseer por encima de otras. Debe ser (a) imaginativo, (b) culto y (c) tenaz. Pero puedes poseer las tres cualidades y aún así escribir un mal libro. Lo sé, porque yo he escrito varios."
(Ken Follet, 1994)

Y con nuevos ánimos vuelvo este fin de semana a mi escritura. No hay que desesperar.

martes, 8 de diciembre de 2015

Escribir es más dificil siendo padre. Pero no imposible

Desde mi paternidad hace ya cinco meses, mi vida ha cambiado totalmente. De mi vida laboral no hablo, sigue en equilibrio inestable. En lo personal, estoy en adaptación continua a lo que es estar desplazado por trabajo entre semana, y los fines de semana estar a tiempo completo con el cuidado y la responsabilidad de un niño pequeño. También hay disfrute, cada vez más en tanto Blas Jr crece y cambia de ser una máquina de hacer caca a ser un muñequillo risueño y algo travieso. También hay más sueño; más bostezos a medianoche; más reflexiones sobre el futuro.

Y en lo literario, hay menos lectura y menos escritura. Es inevitable, hay nuevas prioridades vitales.
Pero la Literatura no se acaba con el nacimiento de tu hijo. Y por eso me resultó llamativa la entrada que me enviaron desde el Writer Digest, ¿cómo organizarte para seguir siendo escritor a la vez que padre? ¿Cómo mantenerse creativo a pesar del cansancio acumulado?




1.- Piensa en tu historia, en tu argumento. 
El agotamiento y el estrés por el niño no durarán siempre. Mientras, aunque no puedas escribir ni una palabra, puedes pensar, así que haz eso. Piensa. En los elementos, en los personajes, en la trama. Mantén tu historia viva en tu mente, progresando, encajando las piezas. Y cuando llegue un momento de calma, anota tus ideas. Ya llegará en momento de escribir. Mientras, puedes construir tu argumento.

2.- Cuando el niño duerme.
Si hay una oportunidad de escribir, es cuando la fierecilla descansa. Eso sí, antes debes haber resuelto todas tus otras obligaciones, hay un dicho que dice "Una esposa feliz, una vida feliz". Si cumples eso, también lograrás una nueva rutina de escritura.

3.- Repasa viejas historias o trabajos sin terminar.
Crear exige más que el hecho de revisar o releer. Si tienes un momento libre, puede ser bueno para tu creatividad releer esas narraciones que empezaste pero no concluiste. Puede darte nuevas perspectivas (qué considerar bien hecho, qué no) y nuevos impulsos para continuar.

4.- Escucha audiolibros.
Si no puedes escribir, puedes estar activo escuchando audiolibros. Requiere menos ataduras que leer, y puedes hacerlo en cualquier momento, incluso mientras realizar tus rutinas de cuidado de tu hijo. [NOTA: lo mismo sucede con las peliculas, si no tienes tiempo para ver la televisión, sí puedes escuchar peliculas audiodescritas. MUY instructivo]

5.-Usa un programa de reconocimiento de texto.
¿No puedes escribir? Pues que un programa lo haga por ti. Mientras estás paseando a la fiera. Hay tanta gente por la calle hablando con el telefono por manos libres que nadie reparará en ti: estarás escribiendo al dictado. Es una forma de avanzar en tu escritura. Puede ser muy cómoda y eficaz.

6.-Escribir te ayudará a sobrevivir al día a día.
Criar a un niño puede ser muy estresante. Escribir, o pensar en escribir, te ayudará a estar calmado. Además, durante la crianza, te verás saturado de información sobre cómo cuidar a tu hijo; y eso te hará más eficaz para analizar y procesar información, una habilidad muy necesaria para los escritores. Te puedes encontrar de pronto con nuevas ideas y nuevos alicientes para escribir.

Ahora mismo, por ejemplo. Mientras la fiera y mi mujer descansan unos minutos, aqui estoy dándole a la tecla y sin dejar de pensar en mi manuscrito, Que es a lo que voy a dedicar unos minutos ahora. No hay que desanimarse por escribir menos, se trata de seguir disfrutando y escribiendo.

El artículo original, aquí:
http://www.writersdigest.com/online-editor/6-ways-to-stay-creative-as-a-writer-when-youre-a-parent?utm_source=newsletter&utm_campaign=wd-bak-nl-151119&utm_content=801404_WDE151124&utm_medium=email


viernes, 5 de junio de 2015

La Era de los Autores 007/365

"Más del 90% de los jóvenes de los EE.UU. dicen que desean escribir un libro algún día" 
(Jane McGonigal)



Estamos a las puertas de una nueva era, la Era de la Autoría Universal. Donde todo el mundo está en disponibilidad de escribir y de dar a conocer lo que escribe, y además, difundirlo de forma global. Donde los lectores han dado una paso más, y se han convertido en creadores.
¿Elimina eso la noción de qué es un Escritor, como una identidad especial?
Porque, si cada uno de nosotros es un escritor, ¿qué hace que un escritor determinado sea especial?

Entoces, ¿será por eso que los escritores "conocidos" están asustados?
                  Si cualquiera puede ser un escritor y ninguno desea ser un lector, entonces, ¿quién                               nos leerá? ¿Quién nos pondrá en un pedestal, si todos los demás están
                  también  escribiendo? ¿Y eso no hará que los buenos libros (nuestros buenos libros)
                 queden sepultados por la mediocridad?

Ya no volveremos a la época en la que se consumía cultura de forma pasiva. Los escritores que deseen hacerse visibles o diferenciarse en el mercado:
-Tendrán que relacionarse activamente con sus lectores (e incluso antes, tendrán que averiguar quiénes son sus lectores, o dónde están)
-Deberán pensar más allá del libro para dar a conocer sus creaciones literarias.


(Extraído y traducido del Blog de Jane Friedman: http://janefriedman.com/2015/05/29/book-writing-dream/ )

Bitácora 007/365

domingo, 24 de mayo de 2015

Edmundo de Amicis 005/365

Y ahora, el lector acompáñeme al hotel a tomar un poco de aliento.
Una gran parte de lo que hasta aquí he descrito, lo visitamos mi amigo y yo el día mismo de nuestra llegada; imagínese el que que lo lee, cómo debíamos tener la cabeza al volver a la fonda, cuando caía la noche.
Durante el camino, no dijimos ni una palabra; y apenas hubimos entrado en el cuarto, nos dejamos caer sobre el sofá, mirándonos cara a cara, y preguntándonos los dos a un mismo tiempo:
—¿Qué te parece?
—¿Qué me dices?
—¡Y pensar que he venido aquí para pintar!
—¡Y yo para escribir!
Y ambos nos sonreímos en señal de fraternal compasión.
Aquella tarde, en efecto, aun durante algunos días después, si Su Majestad Abdul-Aziz me hubiera ofrecido en premio una provincia de Asia Menor, no me hubiera atrevido a escribir diez líneas seguidas acerca de la capital de sus Estados; tan cierto es, que para describir las grandes cosas, es preciso hacerlo de lejos, y para acordarse bien, haberlas olvidado un poco.
¿Y cómo hubiera podido escribir en un cuarto, desde el cual se contempla el Bósforo, Scutari y la cima del Olimpo?

Edmundo de Amicis, "Constantinopla" (ALMED Editorial)



Y es que leer es eso, provocar envidia con lo que las páginas escritas te descubren: más vidas, más personas, hombres y mujeres, ciudades maravillosas... que este mundo de miserias también tiene grandezas que inspira a querer escaparse y a recorrerlo, a aprender idiomas, a beber café en Estambul y a detenerse para saborear todo lo que nos rodea.
La vida moderna de oficinista nos encierra en un cubículo, y todo eso nos lo perdemos. Ya no miramos a la gente, ni nos preguntamos por qué. Por qué corremos de un lado para otro, huyendo para no vivir.

Quiero volver a Bizancio / Constantinopla / Estambul. ¿Cuándo?
No quiero que me falte vida para ello.

Bitácora 005/365

sábado, 20 de septiembre de 2014

Escribir una novela (XXIII): La espera editorial

Espaciar las entradas en este blog no significa más que una cosa: que no tengo tiempo para todo. Eso me obliga a elegir, y elegir siempre es descartar o posponer. Pero no lo dudo si aparece el cosquilleo que indica inquietudes, si necesito hablarlo en este blog que como todos los blogs son ventanas al desahogo y al océano de metadatos.

Hoy, elijo un tema poco tratado.

La espera editorial es una pieza importante a la hora de escribir. Esta semana algunos compañeros del trabajo, curiosos con mi faceta literaria, me preguntaban por cómo es el mundo de la edición y de la publicación, y puesto a verbalizar respuestas a sus preguntas inocentes y vírgenes, me encontré de pronto con más dudas y menos certezas.



¿En qué consiste esa espera? Tiene dos puntos de vista. Uno, desde el autor. Para él comienza desde que envía su manuscrito a la editorial o a su agente. Se imagina que deberá ser paciente, pero no sabe en realidad cuánto. ¿Semanas, meses? Vale, que sean meses, sigue siendo cierto que las editoriales tienen más manuscritos que nunca, y lo más duro, que los leen menos que nunca. Con lo que meses pueden ser... años.Se supone que si pasan un primer filtro (por ser el autor uno ya publicado con cierto éxito, por disponer de agente literario voluntarioso y eficaz), será más ágil. No. Esa espera es indefinida, con toda esa ambigüedad. Todos los autores que aún estamos interesados en la publicación tradicional hemos deseado ver por un agujerito de cerradura qué se cuece en los despachos editoriales. Nos creemos que los editores leen como monjes enclaustrados, día y noche... visión romántica de la que ya no estoy seguro. Un vistazo a la sinopsis, a la página primera y a la página 99, y de ahí decisión "si" o "no" me parece lo más probable. Menos de 30 segundos por manuscrito, y ni siquiera lo hacen los editores sino (sospecho) un primer intermediario, un seleccionador de manuscritos que es la primera barrera a vencer.

Si la primera criba es positiva aún falta los informes de lectura. Ya de por sí, es un pequeño éxito, pero no suficiente, ya que las tendencias, esa palabra maldita, decidirá que un manuscrito sea tenido en consideración o no, aunque tenga simiente de éxito. Porque en esta época de crisis no basta simiente de éxito, sino un éxito seguro. Pero ni los editores más avezados aciertan con sus predicciones. Por eso no se deciden; por eso en la duda, esperan. Y esa espera hace que manuscritos que hace seis años se hubieran publicado sin problemas hoy queden paralizados. Es su visión de la espera editorial y eso supone que como en el mercado actual se rastrean con angustia de supervivencia tendencias que den céntimos a euro, en el trascurso de esa espera un manuscrito puede pasar de estar en la ola de la tendencia a la trastienda de los descartes. Siempre he escuchado que un manuscrito realmente bueno siempre encuentra su camino hasta la publicación. Desde hace dos años ya no estoy tan seguro.

Escribir teniendo en cuenta la espera editorial para que, cuando llegue el turno de juzgar tu manuscrito, éste pertenezca a la tendencia, es jugar a ser adivino o astrólogo. Un imposible, o no. Algunos creen tener la fórmula celosamente guardada para acertar. En esa espera, los autores desesperamos: nos han olvidado, pensamos; hay fuerzas ocultas, nos murmuramos en desaliento; habrá que probar a escribir otra cosa, nos resignamos.

En realidad esa espera editorial es tan intangible y desesperante que lo mejor que podemos hacer es obviarla y preocuparnos, sólo, de escribir y de disfrutar escribiendo. Aunque luego nos resignemos a dejar nuestra obra en un cajón, por no querer sufrir la angustia de la incertidumbre. En Francia hicieron una encuesta: 1,40 millones de franceses revelaron que una de sus ilusiones era publicar un libro y que tenían un manuscrito aguardando en un cajón. 1,40 millones de manucritos inéditos. La espera bien puede ser eterna.

A veces la espera editorial es buena. Por puro hastío y aburrimiento nos da tiempo a revisar una vez más nuestro manuscrito que creíamos perfecto. Sin prisas ni ansias, lo podemos revisar por n-ésima vez. El tiempo editorial es de otra realidad.

Así que paciencia. Poco de lo que hagamos hará que los editores se decidan ni que toda la maquinara de rechazo o aceptación editorial mejore. Mejoremos nosotros y sigamos escribiendo. Esta es mi conclusión final.

¡Ah, pero eso era antes! ¡Sufres en vano! Esa espera editorial, dirán algunos sagaces maledicentes, no tiene razón de ser en nuestro mundo digital. Pero es que no es lo mismo. En la próxima entrada hablaré de la Espera Digital.

[PD: Ha muerto José Manuel García Marín, escritor malagueño de novela histórica. Otra entrada la dedicaré al olvido que el mundo editorial otorga a loa autores muertos]

domingo, 2 de febrero de 2014

Inactividad pública, iniciativas privadas. "El señor de castilla", en febrero en Montiel

Las últimas semanas han sido intensas en todos los aspectos. No sólo en mi trabajo como ingeniero, donde suenan voces de alarma todos los días, la construcción en este país está bajo mínimos, nos comen la cabeza intentando convencernos que el futuro está más allá de las fronteras, que emigrar es la forma de crecer como técnico y persona... y yo me rebelo contra eso. Una cosa es emigrar con esperanzas de mejora y otra con la desesperación royéndote el alma. En mi vertiente literaria también. En estos momentos más que nunca tengo en la balanza mi futuro, que puedo decidir que otros escojan o que puedo escoger yo mismo, si me atrevo. Un difícil dilema que no sé cómo se resolverá en breve.

Mientras, en nuestro querido país España, el esfuerzo de muchos ciudadanos anónimos choca con la impunidad inmoral de aquellos que se creen por encima de las leyes y de la Historia; creen que no recordaremos sus torcidas promesas y el postramiento en que está quedando nuestra nación por sus loas al poderoso caballero. Estamos en involución. Los recortes económicos se han cebado sobre todo en lo que, según ellos, sobra. Sanidad, Servicio Público, Educación, Cultura. No hay dinero, no hay cultura. Se asfixian eventos. Se cierran librerías, porque la gente quiere leer pero no puede permitirselo pagando. La piratería aumenta. Triste.

Uno se pregunta qué puede hacer contra todo esto. En esto es donde entra la iniciativa privada. Se abren pequeños nuevos museos financiados por pequeños filántropos. Se dan charlas y conferencias de forma altruista. Se organizan jornadas literarias, eventos medievales.

El próximo 22 de febrero estaré en Montiel (Ciudad Real), invitado por la asociación MONTIEL MEDIEVAL para hablar de "El señor de Castilla", con mi conferencia "Muhammad Quinto y Pedro Primero. La amistad de dos reyes". Ibn al-Jatib, el rey Pedro Primero de Castilla y Muhammad Quinto de Granada, el arquitecto Al-Qalati, el Palacio de los Leones y los Reales Alcázares de Sevilla, "El esclavo de la Al-Hamrá"... de todo eso y más hablaré en mi charla. La conferencia tiene lugar un mes antes de las fiestas del pueblo en conmemoración del hecho histórico del 24 de marzo de 1369 que.... ah, que no lo sabes. Lee mi libro, o ven a mi charla.



Esto puedo hacerlo. Es algo positivo, que puedo hacer, que puedo transmitir. Mi pequeño grano de arena para crear un futuro mejor, con cultura y con libros, en nuestra España llena de Historia, de héroes y Héroes, de letra grande y también pequeña. Y también con villanos. Hay más cosas que se está en gestando en Granada, que pronto desvelaré.


domingo, 13 de octubre de 2013

A ti, lector, que compras libros.

Hace unos días Teo Palacios, amigo mío y compañero de letras, publicaba en su Blog una entrada interesantísima y que invita a la reflexión sobre la piratería digital. Numerosos comentarios, defensores de una postura a favor y en contra son señal de la controversia que genera el tema, quizás porque no hay solución todavía satisfactoria.

Tantos dimes y diretes... Yo quiero ser positivo. Hoy mi entrada la quiero dedicar a todos los lectores que compran libros.



Cuando compras un libro, lector, lo que has hecho es dar una oportunidad a nuevos autores. Has oído tanto sobre dónde se puede descargar ese libro de forma gratuita, que a lo mejor estuviste tentado de navegar por esas aguas de las descargas, y sin embargo decidiste comprarlo. Haciendo eso, ya sea comprando el producto de una editorial o de un autor autopublicado, estás fomentando una ilusión, valorando el esfuerzo y las horas que un autor dedica a dar rienda suelta a su creatividad. De un autor que a lo mejor quedas complacido y del que deseas seguir leyendo nuevas historias en el futuro, y al que incentivas a que siga haciéndolo.

Cuando eliges entre tantísima variedad y títulos y decides comprar, lo haces ilusionado. A veces no sin sacrificios, porque te resistes a ser tentado por la gratuidad. Antes los libros electrónicos eran caros, ahora una enorme mayoría, incluso novedades, pueden conseguirse por menos de 5 euros. Eso son dos cervezas que no te tomas. Eso es un paquete de cigarrillos que no te fumas. Eso es poco por seis o siete horas de lectura absorbente, y por eso compras.

Puede ser que alguno de los libros electrónicos que compres a precio económico no te guste. ¿Pero acaso no sucede igual con los libros impresos? Los libros son como el vino, que una botella tenga una mala añada no significa que, si te gusta, dejes de buscar nuevos crianzas. Cuando una afición gusta, perdura.

A veces puede incluso que decidas comprar un libro impreso, si la temática o su contenido te emociona. Quizás antes podías permitirte comprar más, ahora en crisis es posible que dudes y te quedes con las ganas de hacerte con todos los que te gustaría. Todo cuesta dinero y no siempre se puede elegir entre necesidad y ocio. Y por eso escoges más que antes. Y cuando eliges y desechas, escuchas de nuevo la tentación de lo gratuito, que ofrece compilaciones con cientos y cientos de títulos... pero los ebooks ofrecen ya ese precio reducido que necesitas, de ese autor que ya has leído antes y que te ha arrebatado horas de sueño absorto por su novela; de ese autor del que deseas que siga enamorándote por muchos años. Ese autor, para eso, necesita también sobrevivir, comer, vivir de su trabajo. Porque sabes que escribir es un trabajo y por eso compras. Te privas de un refresco, o de dos; pero compras su libro. Te sientes bien por ello.

Si es un autor que comienza, tu acción es más loable, porque sin conocerle de nada decides invertir (casi seguro) menos de 3 euros en él. Para él, es una ilusión que le hará seguir esforzándose y quizás te sorprendas de oír nuevas voces que no conocías y que te arrebatan a otras épocas, otros mundos. En las editoriales convencionales, comprando títulos también alimentas a futuros nuevos autores, porque una editorial es un negocio y sin beneficios no se esforzarán en buscar a nuevos talentos. Esos, que a tí te gusta tanto leer, porque has leído otros títulos de esa editorial y te han convencido. Como contrapartida, los autores saben cómo está todo e insisten y pelean con la editorial por que sus títulos estén al precio más razonable posible. Es una sinergía. Es otro motivo del por qué sigues comprando libros.

Incluso cuando todo está mal, muy mal, recuerdas que las bibliotecas existen, que son sitios geniales y entretenidos, mucho más que un almacén de títulos; las bibliotecas ahora no son como hace décadas. Recuerdas el contacto con ese bibliiotecario eficiente, y el gran catálogo que tienen, también novedades. Te acercas y consigues libros en préstamo, ¿no son geniales?

Queridos lectores que así hacéis, por el motivo que sea: de mi parte (y de muchos otros, os lo aseguro), gracias, gracias, gracias.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Escribir una novela (XXI): Rigor Mortis

Es gratificante cuando hay lectores que han disfrutado de tu libro y se atreven a decírtelo; también cuando los hay que tienen una crítica que hacerte y te la hacen con educación. Desde aquí, gracias, porque al hilo de las palabras de uno de ellos escribo hoy esta entrada. Lo curioso es que, dependiendo del lector, lo que para uno es una virtud para otro es un defecto, y viceversa.

El comentario que me hicieron es sobre el rigor. El rigor mortis es la rigidez que aparece en un cuerpo muerto a las pocas horas de la muerte, su duración en el tiempo es reducida y después desaparece, según se inician los procesos de descomposición. Se parece mucho a lo que me comentaron, relacionado con el rigor a la hora de escribir una novela histórica.



Sin duda, una de las bazas de este género es la posibilidad de recrear un pasado, más o menos remoto en el tiempo respecto del lector. Todo es cuestión de tiempo, desde luego, en un foro ya opiné en su día que la novela contemporánea de hoy será, dentro de doscientos años, novela histórica (y la novela histórica de hoy, más histórica aún). Para recrear ese pasado hay que hacer una labor necesaria de documentación, tanto del detalle del día a día como más generalista sobre la cultura a tratar, sobre la mentalidad y valores imperantes, sobre la forma de expresarse incluso...

Dice la RAE:

Rigor.
(Del lat. rigor, -ōris).
1. m. Excesiva y escrupulosa severidad.
2. m. Aspereza, dureza o acrimonia en el genio o en el trato.
3. m. Último término a que pueden llegar las cosas.
4. m. intensidad (vehemencia). El rigor del verano.
5. m. Propiedad y precisión.
6. m. Med. Tiesura o rigidez preternatural de los músculos, tendones y demás tejidos fibrosos, que los hace inflexibles e impide los movimientos del cuerpo.
7. m. Med. Frío intenso y extraordinario que entra de improviso en el principio de algunas enfermedades, como en las calenturas intermitentes.
8. m. germ. Fiscal del ministerio público.
en ~.
1. loc. adv. En realidad, estrictamente.
ser alguien el ~ de las desdichas.
1. loc. verb. coloq. Padecer muchos y diferentes males o desgracias.
ser de ~ algo.
1. loc. verb. Ser indispensable por requerirlo así la costumbre, la moda o la etiqueta.

Nos quedamos con propiedad y precisión. Ser rigurosos en esa documentación implica poder describir con propiedad y precisión, a través de palabras, la ambientación de la novela, la tramoya oculta, el andamiaje que dotará de sensaciones al libro y que hará que un lector se traslade en su mente en el tiempo, se olvide de la hipoteca y se sumerja en el pasado.

La pregunta del millón: ¿cuán rigurosa ha de ser esa documentación? ¿Debe ser precisa en todos los detalles que mencione el libro? Aquí aparece una tentación para el novelista histórico: suele descubrir tantos detalles jugosos de esa época que puede querer colocarlos todos en la novela, y eso puede ser un error si lastran la historia. Una forma de lastrar la historia es centrarse en los detalles, poner numerosos pies de página que rompen el ritmo de lectura (la tendencia es que no haya, si acaso un glosario de términos al final del libro); otra querer, p.ej, que Homero hable como en su Grecia arcaica, lo cual es imposible. Es cierto que si de la época existe correspondencia escrita se puede lograr dar un barniz a los diálogos de los personajes que haga pensar "hablan como los antiguos", pero llevar esa forma de expresarse con rigor a una novela es un error, porque lo más probable es que se aburra al lector. 

Y una novela, querido lector:
-es esencialmente una obra de ficción.
-debe entretener.

Sobre el habla de los personajes históricos, hay controversia. ¿Es menos rigurosa una novela histórica que aproxima el habla de los personajes al siglo XXI? Si fuera un ensayo, sería cierto: no sería rigurosa. Pero una novela no es un ensayo, busca entretener a sus lectores y para eso sus lectores deben entender lo que dicen los personajes, aproximar el habla antiguo al lector moderno es una licencia que lo logra. Y si se cuida cómo se expresa todo, no tienen porqué cometerse barrabasadas con el lenguaje.

Los detalles del armamento medieval, de los trajes de época, de las comidas y desayunos, del día a día: ¿son menos rigurosas si no se habla de hasta la útima hebilla que tiene que desabrochar un escudero que desguarnece a su señor? Con la comida suele haber problemas, no existia en épocas pasadas la disponibilidad de alimentos como hoy en día; incluso la cultura imponía muchas veces los tejidos de las ropas, las modas.... 

Algunos defienden que ser riguroso es ser prolijo en detalles, muchos detalles, de todo tipo. Si al lector lo aburres con eso, entonces ese rigor, para mí, es Rigor Mortis. Has matado sus ganas de leer. Leerá las páginas en diagonal, evitando las descripciones y esperando que al menos los diálogos le aporten algo. Si no lo hacen tampoco, sólo faltará enterrar al muerto: abandonará el libro sin terminarlo.

Yo creo que ser riguroso consiste en que los detalles que aparezcan estén equilibrados con la trama y que tengan su razón de ser, y que cada detalle que menciones sea usado correctamente y con propiedad. Cada palabra en una página debe estar porque debe ser necesaria. Si no es necesaria, sobra. Si no está y se requiere, falta. Para eso están las correcciones.

Y podar la novela, para quitar lo que pueda sobrar, puede ser tan difícil o más que escribir la novela.

martes, 20 de agosto de 2013

Escribir una novela (XX): André Maurois (Emile Herzog), sobre el arte de escribir

Hace cuatro años escribí una entrada sobre qué pensaba André Maurois, pseudónimo de Emile Herzog, acerca de escribir. Hoy necesito recordarlo, pues me pesan las malas noticias (laborales y personales), que hacen que la vida sea más interesante y también más difícil, pues sin serenidad no se puede escribir: escribir es imaginar, y la mente no vuela libre si está atada al yugo de la exigencias de la vida moderna. A veces el yugo es más ligero; otras (hoy) me parece terriblemente pesado.

Así que unas reflexiones no me vendrán mal, buscando fuerzas en mi cansancio en este verano de sol aplastante y oficina que se me está haciendo eterno.



El Arte de Escribir, por André Maurois. 

Usted quiere aprender a escribir. Tiene razón. De nada sirve tener las ideas justas si uno no sabe expresarlas debidamente. Ni las palabras, ni la elocuencia misma, son suficientes, porque las palabras se desvanecen. Un escrito perdura: aquellos a quienes va dirigido pueden volver a leerlo, meditarlo. Queda para ellos como una imagen del autor. Una relación readaptada, bien escrita, está en la base de más de una gran carrera.

Para escribir bien hay que poseer cultura. No es necesario estar al corriente de la literatura más moderna. Es mejor el conocimiento de los grandes clásicos, que suministra citas y ejemplos, e introduce a una asociación secreta y poderosa, esta misteriosa francmasonería de los hombres cultivados que uno encuentra tan frecuentemente entre los médicos, los ingenieros y los escritores. Sobre todo, la cultura nos da vocabulario. Uno no escribe con los sentimientos, sino con las palabras. Usted debe conocer suficientes de ellas y haber penetrado su sentido exacto. De lo contrario las empleará inadecuadamente y el lector no le comprenderá.

La Academia Francesa pasa una sesión entera definiendo tres o cuatro palabras. Esto no es jamás tiempo perdido. Por falta de un lenguaje preciso, todo un pueblo puede ser lanzado en prosecución de objetivos vagos que no merecen ser perseguidos. Por lo tanto, busque en los diccionarios -y sobre todo en el Littré- que le darán ejemplos preciosos. Cada vez que usted ignore el sentido de una palabra, búsquelo. Lea a los grandes autores. Vea cómo, con las palabras que usa todo el mundo, él sabe crear un estilo. ¿Cuáles autores? Moliére, el cardenal de Retz, Saint Simon, Voltaire, Diderot, Chateaubriand, Hugo. Ensaye a descubrir el secreto de cada uno de ellos y las fuentes de su maestría.

No ensaye usted tener un estilo. Ya vendrá solo si usted se forma a la vez un rico vocabulario y fuertes pensamientos. Aquello que uno concibe bien se enuncia claramente. Guárdese de lo rebuscado y lo pedante. Nada echa más a perder un estilo. Diga simplemente lo que tenga que decir. Valéry ha dado este consejo: «De dos palabras, hay que escoger la menor».

Es decir, la menos ambiciosa, la menos ruidosa, la más modesta. Prefiera siempre la palabra concreta que designa los objetos, los seres, a la palabra abstracta. «Los hombres», viene mejor que «la humanidad», «tal hombre», es mejor que «los hombres». Las palabras abstractas son útiles, aun necesarias, pero pronto hacen que el lector vuelva a lo concreto. Con las palabras abstractas uno puede probarlo todo, pero no realizar nada. Prefiera el sustantivo y el verbo al adjetivo. Más tarde aprenderá a manejar este como lo han hecho Chateaubriand y Proust,  pero esto es difícil.

El filósofo Alain, que fue un gran profesor, dio este consejo: «Reducid los preparativos al mínimo». Es decir, no os preguntéis por largas horas ¿Cómo comenzar?, sino comenzad. La primera frase sugerirá la siguiente. Los pensamientos se desarrollarán unos tras otros. Si queréis una trama, no avanzaréis jamás. Si esperáis inspiración, esperaréis en vano. La inspiración nace del trabajo.

Stendhal decía que él tenía que escribir cada mañana, «genio o no genio», y el antiguo autor Plinio expresó «Nulla dies sine línea» (Ni un día sin una línea). Si uno no se propone sentarse cada día en su escritorio, no para soñar, sino para trabajar, si uno se permite pensar: «esta mañana no me siento bien, estoy indispuesto, en la mañana los trabajos son difíciles», entonces está perdido. Al día siguiente hallará una nueva excusa y la vida pasará entre la haraganería y el fracaso. ¿Podremos dominar las dificultades de lenguaje y estilo, descubrir la frase por una palabra familiar? Sí, porque se habrá adquirido a la vez el gusto y la autoridad necesarios.

Los grandes escritores tienen sus vulgaridades intencionales, los grandes embajadores escriben sus informes humorística y brutalmente concretos. Hay que tratar de imitarlos, de obtener su experiencia y su talento. No hay que atraer la atención, sino por la precisión vigorosa de las fórmulas, por el ajuste perfecto de las frases a las ideas, por una brevedad compacta y plena. En fin, hay que guardarse, mientras no se sea un maestro, de las frases largas. Bossuet las usa, pero él era Bossuet. Cuando el señor Caillaux era presidente del Consejo, le dijo a su jefe de gabinete, cuyo estilo le parecía ampuloso: «Escúcheme, una frase francesa se compone de un  sujeto, un verbo y un complemento directo, eso es todo. Y cuando necesite un complemento indirecto, venga a buscarme».

Usó así una exageración graciosa y oportuna. Pero, en el fondo, era verdad.

domingo, 18 de agosto de 2013

La sombra del plagio en la novela histórica

Según la Real Academia Española, plagio se define como la acción y efecto de plagiar:

plagiar.
(Del lat. plagiāre).
1. tr. Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias.
2. tr. Entre los antiguos romanos, comprar a un hombre libre sabiendo que lo era y retenerlo en servidumbre.
3. tr. Entre los antiguos romanos, utilizar un siervo ajeno como si fuera propio.
4. tr. Am. Secuestrar a alguien para obtener rescate por su libertad.

Hablando sobre novelas, siempre que entro en una librería me sorprendo del elevado número de títulos que puedo encontrar, sobre cualquier tema y género. Los ciclos del mercado y la competencia por captar lectores hacen que si un título triunfa, aparezcan más sobre la época, el personaje, la cultura... Los romanos están omnipresentes; Egipto; la Edad Media; las guerras napoleónicas; la guerra civil española; la Segunda Guerra Mundial.



Como lector, está bien poder elegir. Como autor, cada vez se reducen más las posibilidades de ser original. Se puede ser original en la forma de contar una historia, en la elección del personaje principal, en elegir el bando vencedor o el bando perdedor; hablar de un hecho conocido a través de un personaje ficticio; o descubrir un aspecto de la Historia poco conocido y nada novelado, digno de ser contado. 

Como hablamos de novela histórica, y yo concretamente no soy historiador, necesito fuentes que me hablen de la época, cultura y personajes sobre los que quiero hablar. Los ensayos son fuentes importantes de datos, otras veces recurro a crónicas de la época (cuando las hay), y a fuentes arqueológicas. Entonces es cuando me planteo una duda, y es si emplear esa documentación es una forma de plagio. Necesito datos y detalles en mi novela que encuentro en obras que otros autores también han usado como fuentes. ¿Reduce eso la originalidad de mi creación? 

En el caso de las novelas que beben de crónicas antiguas como trama fundamental, ¿son una forma actualizada de plagio, aun cuando el autor del manuscrito original lleve muerto 1000 años? A veces me lo pregunto, si sólo en la parte de ficción de mis novelas soy un auténtico creador. Quizás por ello intento compensar mi trama, 50% bebiendo del pasado; 50% creación propia. Si creara al 100% sería un autor de fantasía, no de histórica, pues todo lo que se escriba que se inspire en la realidad presente o pasada beberá de alguna fuente que otro autor ya habrá empleado. 

"Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias." Si veo en las mesas de novedades 10 novelas que por ejemplo traten sobre Aníbal como elemento sustancial, ¿se puede hablar de plagio, de copia del pasado? ¿O sólo reconociendo al final de la novela cuáles son nuestras fuentes, pasamos a ser autores inspirados? Es más, si en una novela encuentro detalles (procedentes de fuentes históricas y ensayos de autores muertos hace más de 100 años) que me parecen adecuados para mi propia trama, ¿es legítimo emplearlos, como si la novela fuera una "fuente"; o sería plagio?

No es fácil escribir novela histórica.

domingo, 28 de julio de 2013

Cuando uno va al cine y piensa en libros

Acudir a actividades culturales que buscan contar una historia a un público es algo que me encanta y que hago cada vez que puedo. Primero porque me ofrece nuevas perspectivas como público y asistente sobre cómo un autor, un creador intenta sorprender y conmover a su público, y segundo, porque es parte de mi aprendizaje continuo. Me permite comparar mi forma de contar historias con las de otros autores/creadores, preguntarme a mí mismo qué me gusta de lo que estoy percibiendo y qué no, y por qué. Y eso es muy importante si uno quiere mejorarse a sí mismo.

Estas actividades culurales pueden ser exposiciones (pintura, escultura, fotografía), visitas a monumentos, acudir al teatro y al cine. Toda actividad cultural de cara a un público tiene dos partes diferenciadas: un continente y un contenido, y ambos deben estar en sintonía, ambos deben complementarse, entrar en resonancia, 1+1 debe ser mayor que 2, y deben afectar al que los observa, de forma que cuando la actividad cultural termine, el espectador/público/asistente debe sentirse diferente a cuando entró. Debe haberse emocionado, debe quedar en su memoria, sumergirle en la reflexión y en la emoción, y ascender a la superficie cambiado.



Decía Heráclito: "No es posible bañarse dos veces en el mismo río". El río, que representa el mundo, es algo que muta y cambia constantemente, pero no se refería a eso, sino a nosotros mismos. Aunque el río fuera el mismo, nosotros no; nuestras experiencias de hoy nos harán diferentes mañana. Una actividad cultural debe lograr hacernos diferentes a su conclusión, llegarnos al alma, provocar una katarsis, un cambio vital. La cultura debe enriquecernos y hacernos diferentes y mejores.

Todo esto viene porque el otro día fui al cine (una buena forma de asisitir a un historia con presentación, nudo y desenlace en 2 horas) y lo que vi, inevitablemente, lo comparé con lo que un libro, en mi opinión debiera ofrecer.

-Una historia: lo que se cuenta puede novedoso y original (algo que nadie haya contado antes) o aunque sea algo conocido, contarse de una forma diferente (por el ritmo o por la forma de hacerlo). La película: tenía como objetivo contar de forma diferente una historia conocida.
-El continente: debe impresionar a su público antes de presentar el contenido. En un libro, la portada y la sinopsis son cruciales en un 80% para atraer atención de los lectores, el otro 20% lo hace el boca-a-oreja. En la película, el continente es una sala amplia, buena imagen y buen sonido. El trailer equivale a la sinopsis.
-La coherencia y el ritmo: si se pretende contar una historia conocida de otra forma, se corre un peligro, y es suponer que TODO el mundo conoce esa historia y que pueden obviarse presentaciones de personajes y de sus conflictos, para desarrollar esos aspectos. Eso supone que, si alguien no conociera esa historia, encontraría lagunas, y estaría continuamente preguntándose por qué aquello, lo otro... la estructura se desmorona. Todo lector debe ser capaz de encontrar en el libro todo lo que necesita para entender la historia. En una película, igual. En la película que vi, éste era un error grave.
-Los personajes: son el 99% de la historia, porque son los que deben sufrir el conflicto y transmitirlo al público. Deben estar desarrollados y ser coherentes consigo mismos. Deben tener personalidad propia. Los diálogos deben mostrarnos cómo son, qué les sucede, sus motivos, sus razones ocultas, y deben interaccionar con los otros personajes de forma ágil y lógica. En la película que vi, los personajes estaba anulados; primaban los efectos especiales. Espectaculares, eso sí; pero sin alma.

Salir del cine con la sensación de que has perdido dos horas es también una katarsis: la próxima vez que tenga dudas sobre una película, seguiré mi instinto. No la veré.

¡Con los libros pasa igual! Un lector insatisfecho con un autor, quizás no vuelva a dar otra oportunidad de lectura a ese autor. Un libro que sea insípido, que no deja huella (ALGUNA huella), es un libro que no ha cumplido su función.


sábado, 20 de julio de 2013

Nueva etapa en Jornadas de Novela Histórica de Granada

Parece que la terapia funciona. He disminuido mi presencia en la red; presto menos atención a las noticias y he vuelto a escribir. A mano, rasgando el papel rugoso línea a línea. Las frases tienen danza en cada palabra, consigo escribir al hilo de cómo imagino y pienso, muy rápido, y bastantes veces me cuesta descifrar mi propia letra, pero me reencuentro con viejas sensaciones, que no sé cómo dejé que se marcharán.

Bueno, sí lo sé. Querer ganar tiempo al tiempo es un sinsentido. El día tiene sólo 24 horas, y querer que tenga 26 para escribir 2 más es de necios, más que nada porque el cansancio pasa factura, la inspiración desaparece y lo que aparece es la Hoja-En-Blanco, la pesadilla de un creador. Y sin inspiración, por mucho que tengas claro qué quieres contar, corres el riesgo de contar algo sin alma. Bien escrito, quizás, pero sin alma. Y eso se nota.

La inspiración ha vuelto, para muestra dos frases mías (muy zen) que han surgido mágicamente respondiendo a dos lectores:

"La tortuga nunca se agobia: va a su ritmo."

"La vida se nos va en los detalles: a veces vemos una hormiga pero no vemos un elefante."

Y que tiene bastante que ver con el frenesí publicitario que sacude las redes y otros agobios personales. Existe una palabra mágica para ello: decir "No" y centrarse en lo que uno disfruta, e incluso el goce puede mutar a esclavitud si uno no es capaz de decir "No". Me han propuesto varios proyectos literarios que parecen interesantes, pero en el espíritu de esta entrada está mi respuesta: me llena más, mucho más, continuar con lo que estoy escribiendo. Y cuando termine, ya veremos.

La mejor receta para escribir es.... no lo sé, yo necesito sosiego mental, para involucrame emocionalmente es lo que quiero escribir, y partir de ahi, la Inspiración se te acerca, te sonríe y te susurra al oído (o te grita, oblilgándote a escribir como esclavo sumiso y voluntario hasta la una y media de la madrugada, que es lo que me ha ocurrido toda la última semana)

Lo que sí me ha dado satisfacción es que Carolina Molina y yo hemos iniciado una nueva etapa en el Blog de las Jornadas de Novela Histórica de Granada. Cada semana tendremos el honor de publicar entrevistas a escritores de novela histórica, que nos deleitarán con sus entresijos y sus puntos de vista sobre la escritura, sus inicios, si ebook o libro impreso, el futuro del mundo editorial....



Os dejo el enlace del blog:

http://jornadasdenovelahistoricaengranada.blogspot.com.es/

¡No os lo perdáis!



domingo, 30 de junio de 2013

Cuando llega el verano

Hola, lectores. Sí, habéis comprobado que de un tiempo a esta parte estoy espaciando mis entradas en el blog. He pasado unos días de vacaciones que me han dado para mucho, y sobre todo para reflexionar sobre el presente y sobre mi futuro, en todos los aspectos de mi vida. He estado quince días sin contacto con redes sociales, sin leer y sin escribir. Y ganas sí había: tengo 10 libros pendientes de lectura, que deseo devorar y sin embargo, no he leído nada.

Quizás sea el verano, que ya ha llegado. Durante estos quince días ni siquiera he escuchado noticias de nuestro país, porque no he permanecido aquí. Nada de nada. Y no he echado nada en falta, sinceramente. He ganado un poco de tranquilidad, lo que dure.



La luz que nos llega nos invita a vivir más, y a encerrarnos menos. Fuera el mundo es enorme. Donde he estado, ¡qué alegría, qué actividad! Gente y turistas por todas partes. Bullicio, negocios en marcha, vitalidad, sensaciones positivas y eso que ha llovido todos los días. Y este año he estado demasiado encerrado en mí mismo. Escribir te da una vida, escribir te quita una vida.

Así que, los que podáis, leed, sí, pero se pueden hacer también más cosas. Hacedlas; vuestro libro seguirá esperándoos. Conoced gente nueva, disfrutad de nuevos lugares. Las tardes se alargan. El verano invita a ello. Y con todo lo que viva este verano estoy seguro que cuando mis ganas de escribir aparezcan de nuevo con intensidad, notaré un algo diferente en mi escritura.

Y espero que vosotros también. ¡Buen verano!

domingo, 9 de junio de 2013

Escribir una novela (XIX): Andrés Pérez Domínguez

El mundo está ahí afuera. No hay nada como una buena dosis de realidad para comprender cuánto me queda por aprender y por descubrir. En las ferias de libros me siento abrumado cuando veo las casetas llenas de libros, quizás con más libros de los que nunca leeré en mi vida y pienso: "Y todo esto son sólo las novedades de este año."

Como lector intento no agobiarme, pero sólo consigo incubar un sentimiento de tristeza por todo lo que nunca leeré.

Todavía me esperan muchos de los clásicos y de los recomendables, y otro tanto si me refiero a libros sobre teoría literaria. Leer es hacer como San Agustín: querer volcar en un diminuto agujero en la playa todo un oceáno. Una empresa imposible de llevar a un término final. Pienso a veces si escribir sin haber leído todo los recomendable de lo que me ha precedido es sólo un deseo movido por la soberbia de emular a los que sí he leido.

Conocer a autores que han conseguido hacer de la escritura una profesión y un modo de vida es estimulante. Ellos nos pueden hablar sobre qué significa para ellos escribir, y por eso hoy traigo, no mis reflexiones, sino a un autor para que nos hable de sí mismo y su escritura. Hoy hablamos con Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969), escritor conocido principalmente por sus novelas entre las que destacan varios thrillers. Es también autor de narrativa breve y colabora en prensa escrita y radio. Ha ganado numerosos galardones tanto por su obra de ficción como periodística.





1.- Con diversas novelas, relatos y cuentos en tu haber, varios de tus libros se ambientan en la Segunda Guerra Mundial (“El violinista de Mauthausen”, “La clave Pinner”, “El factor Einstein”, “El silencio de tu nombre”), ¿de dónde surgió ese interés por esa época? ¿Tienes algún autor cuya lectura te haya empujado a adentrarte en esos años convulsos?

—He de puntualizar que no se trata de la Segunda Guerra Mundial exactamente, sino de un periodo que abarca desde los años 30 a los 50 del siglo XX, y que, efectivamente, no se trata de todos mis libros. Es un momento histórico que me gusta, en el que me siento cómodo, y sobre todo me resulta útil para explorar cuestiones como la amistad, traición, culpa, aventura, tensión narrativa, etc. La guerra en sí misma no me interesa. Sin embargo, el mundo del espionaje durante esos años sí me resulta particularmente atractivo. Hay dos autores que empecé a leer de muy jovencito, Graham Greene y Le Carré, que de alguna manera han influido en mi narrativa, espero…

2.- Se suele comentar que no hay escritor que no escriba, más tarde o más temprano, sobre otros escritores o sobre la literatura, en tu caso “El síndrome de Mowgli”, donde homenajeas a Kipling, con un protagonista que lucha por encontrarse en un mundo del que siente ajeno. ¿Es quizás una novela más personal?

—De alguna manera, sí, igual que algunos cuentos o novelas breves mías menos conocidas. Pero también son personales obras como El factor Einstein o La clave Pinner, por citar dos ejemplos, pues en todos mis libros hay mucho de mí mismo, algo que, a partir de ciertos detalles, sólo puede ver la gente que me conoce bien.

3.-“La clave Pinner” fue la novela que te dio a conocer al gran público. A muchos nos gusta escribir, pero no es una afición tan fácil y glamurosa como parece a simple vista y sí con mucho trabajo previo, que en general el público no ve ni conoce. ¿Puedes hablarnos del origen de tu interés por la escritura y de tus esfuerzos, hasta llegar publicar tu primer libro? ¿Sufriste mucho?

—En primer lugar, no debería ser una afición. Escribir es mucho más serio que eso. Yo al menos le tengo mucho respeto a esta profesión. Efectivamente, el trabajo diario de un escritor no tiene nada de glamuroso, pero la mayoría de la gente sólo ve el resultado final, las entrevistas, las firmas, el éxito, tan esquivo y azaroso siempre. Por eso me hace gracia que muchos quieran ser escritores pensando en el resultado, en la fama (si es que un escritor se puede considerar famoso, que esto daría para un debate), cuando eso es una consecuencia de un trabajo, y casi nunca sucede. Yo sobre todo soy un lector, y creo que un escritor es un lector pasado de rosca, con ganas de contar las cosas a su manera. A mí es la ilusión de contar historias y que los lectores las disfrutasen fue lo que me impulsó a ser escritor, lo que aún me motiva cuando me siento a escribir. Quizá eso sea lo principal, y acaso lo único, para escribir. Yo tuve la fortuna de ganar muchos certámenes literarios, y gracias a eso mantenerme de la literatura durante algunos años, pero hace ya mucho de eso. No fue fácil, trabajaba cada día esforzándome por hacerlo mejor, igual que ahora vaya. Publiqué media docena de libros en instituciones que habían convocado los premios que tuvieron la suerte de ganar, y La clave Pinner, la novela que me dio a conocer al gran público en 2004, antes estuvo tres años dando tumbos, siendo finalista de premios importantes. Luego se publicó, tuvo muchos lectores, y hoy, nueve años después, sigue viva, pero nunca ha sido fácil, ni entonces ni ahora. Y lo único que vale es seguir trabajando si crees en lo que haces. Y tratar de ser objetivo con tu propia obra. Que tus libros te interesen a ti, a tus amigos o a tu familia no tiene por qué significar que vayan a interesar a los lectores. Pero creo que ahora es un poco más fácil publicar que cuando yo empecé: hay más editoriales pequeñas y dinámicas con presencia en las librerías. Eso antes no era tan habitual. Pero quizá, como decía hace poco Lorenzo Silva en una entrevista, hay demasiado amateurismo.

4.- El escritor Teo Palacios ha iniciado un programa de radio sobre literatura, y uno de sus secciones se llama “Los escritores también comen”, con cuyo título se reivindica que toda actividad creativa debería llegar a ser una forma de vida. Así que si puedes, dinos, ¿qué veríamos si abriéramos tu nevera? ¿Qué nos llamaría la atención?

—Bueno, procuro comer sano… Me cuido y hago mucho deporte. Nunca falta leche, que es mi bebida favorita. Fue un préstamo que hice a Rafael Montalbán, el protagonista de El síndrome de Mowgli… con lo que, bien mirado, sí, ésta es mi novela más personal…

5.- Esta entrevista la incluyo en una sección de mi blog que se llama “Escribir una novela”. ¿Puedes contar a los visitantes de mi blog, brevemente, cómo te organizas para escribir? ¿Qué rutina diaria sigues? ¿Y tienes un procedimiento?

—Soy muy disciplinado. Procuro hacerlo por las mañanas, tener unas cuantas horas en las que pueda dar lo mejor, concentrado al máximo. Pero no soy maniático, y si tengo que adaptarme a otro horario, lo hago. He escrito mucho en trenes, aeropuertos, hoteles y estaciones. No tengo por qué hacerlo siempre en mi despacho. Sí me gusta escribir a mano el primer borrador. Me gusta el contacto de la pluma con el papel. Luego lo voy pasando a ordenador, diariamente, si puedo.

6.- ¿Se puede vivir de la escritura? Porque hablar con alguien que lo hace me parece extraordinario, se oye cada vez más que esta forma de vida está en extinción.

—Yo hasta ahora lo he conseguido, y que me quiten lo bailado… Pero el futuro del oficio no está claro: la crisis, la piratería, el cambio de modelo a lo digital, si llega a suceder (yo sigo prefiriendo el papel). Pero no se trata de quejarse. Todos los sectores lo están pasando mal ahora. Yo escribía cuando no me leía nadie, y supongo que seguiré haciéndolo si no hay un editor que apueste por mi obra. Lo haré porque me gusta, porque me ayuda para muchas otras cuestiones que ahora no vienen al caso. Y si no puedo comer de la escritura, pues qué le vamos a hacer, me buscaré la vida de otra forma. Espero que no, pero no pasa nada por eso. He hecho otras muchas cosas antes de dedicarme a escribir.


7.- Yo tengo la convicción que existen alimentos que estimulan el cerebro y la escritura, y supongo que cada autor tiene sus gustos propios. ¿Con qué alimentas, literalmente, tu creatividad?


—Yo creo que basta tener los ojos bien abiertos y comprender que cualquier material puede ser literaturizable. Todo lo que hay en el mundo (lo que vivimos, lo que vemos, los que nos cuentan, lo que leemos o lo que soñamos) nos puede servir.

8.- Sé que prefieres no dar consejos, pero te invito a que comentes a mis visitantes qué es lo más importante para ti a lo hora de decidirte a comenzar un nuevo proyecto literario, una regla o axioma que tú sigas a rajatabla.

—No me gusta dar consejos, es verdad, pero bueno, te diré que basta que me interese a mí como lector. Como yo como lector soy muy exigente, supongo que con eso ya es importante. Pero nunca se sabe lo que puede pasar, y es parte de la magia de este oficio.


9.- Por último, háblanos sobre cuál de tus novelas supuso una mayor implicación emocional y qué podemos encontrar en tu última novela “El silencio de tu nombre”

—Te puedo decir en cada novela me implico por igual, al menos durante las horas que estoy escribiendo, y no hay una en la que me haya implicado más que otra porque me esfuerzo en meterme en la piel de cada uno de mis personajes, y eso me enriquece mucho, como si viviera muchas vidas a la vez. Lo que sucede, extrañamente, cuando vas teniendo experiencia en este oficio, es un raro desapego, un distanciamiento emocional útil que te hace ser mucho más objetivo con tu propia obra. El silencio de tu nombre, mi novela más reciente, es una historia de amor básicamente, desde el propio título, que viene a significar que a todos nos llega en la vida un momento en que nos quedamos solos y en silencio y nos descubrimos pronunciando el nombre de la persona que amamos, y entonces sabemos que estamos perdidos. Claro, esta metáfora, que puede estar muy bien, no puede ser una novela por sí sola, sino que tengo que contar una historia en la que el lector disfrute y saque sus propias conclusiones. Yo elegí a Erika Walter, la viuda de un agente secreto alemán, que en enero de 1950 deja su casa en Salzburgo para presentarse en Madrid con unos documentos que implican a altos cargos nazis exiliados en España. Su amante, Martín Navarro, héroe de guerra exiliado y miembro del PCE, dejará su apartamento de París para buscar a Erika en España y averiguar qué está pasando. Lo hace porque a él le he llegado el momento de El silencio de tu nombre, porque varias veces cada día se descubre pronunciando el nombre de Erika y no puede sino ir a buscarla.

10.-Gracias por todas tus respuestas y tu tiempo.

—Ha sido un placer.

Andrés Pérez Domínguez
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jueves, 6 de junio de 2013

El sábado 8 nos vemos en Jaén

Madrid, Madrid, tanto Madrid... en Jaén también hay una Feria de Libros y lectores.

Antes de que se me pase: el próximo Sábado 8 de junio estaré en JAÉN firmando mi novela "El señor de Castilla" en la Feria del Libro de Jaén. Será a las 12:00 en la Librería Metrópolis (la librería está en la calle Cerón, en el número 17, una zona peatonal justo al lado de la catedral y la Diputación)

Seguro que lo pasamos bien :) ¡Os espero!


http://www.tertuliaandaluza.com/explora/jaen-explora/libreria-metropolis-jaen/