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domingo, 30 de junio de 2019

La primera frase

Estamos a las puertas de julio y no me lo creo. ¡Qué dos meses intensos! Cambios en el trabajo, adaptación familiar a nuevas circunstancias, las ferias de libros, la editorial, los manuscritos...

Hoy voy a hacer un ejercicio de autocrítica.
Os dejo la primera frase de varias novelas:







1. Una gran alegría envolvía la ciudad de Garnata, la primera alegría en mucho tiempo.

2. Ni los dioses imperiales ni el cristianismo habían ahogado los viejos cultos de Heliópolis.

3. Los pasos del rey resonaron pesados sobre la azotea del Palacio del Caracol.

4. Aquel tremendo devorador de vidas femeninas era insaciable.

5. Todo son sospechas en el Palacio Ducal.


Dicen que la primera frase de una novela es crucial. Debe ser capaz de presentarla, intrigar y animar al lector a continuar. A ver, si yo fuera un lector, y leyera estas frases, ¿qué deduciría de todas ellas?

1. Con esta me pregunto: ¿qué gran alegría será? La primera en mucho tiempo... ¿por qué? ¿Esta Garnata sumida en la tristeza, la desesperanza? ¿Garnata qué ciudad será, de dónde, de qué epoca?

2. Suena a Oriente. Habla de imperio y cristianismo, así que por lo menos s.IV. Heliópolis suena a griego. Suena a misterio, a supervivencia de cultos mistéricos.

3. Un rey que sube armado a una azotea. ¿Palacio del Caracol? ¿Dónde estará? Un rey armado sube a lo alto de un palacio, no sé dónde. ¿A qué? ¿Un rey enérgico? ¿Va a anunciar algo, y prefiere anunciarlo él y no por un heraldo?

4. Suena a un depredador. Con fama, no sé si para bien o para mal. Alguien lleno de vigor, es insaciable. Pero no sé qué época, ni quién podrá ser. ¿Quién será? Devorador es masculino: es un hombre. Un depredador de mujeres.

5. Palacio Ducal. Puede haber muchos. Habla de sospecha. Suena a conspiración. La más corta de todas. Escueta, directa. ¿Qué palacio, qué sospechas, por qué? ¿Dónde, época?




Los sentimientos que me inspiran:

1. Habla de alegría, quizás en medio de una pesadumbre. Esperanza.

2. Habla de supervivencia. La presión oficial, estatal, imperial, contra quienes no son de la parte oficial. Habla de rencores, quizás. De viajes.

3. Habla de actitud enérgica. Un rey que se eleva por encima de todos los demás, de todos los problemas. Habla de un guerrero. Habla de guerra.

4. Es bastante imprecisa. Un maníaco, un obseso. Pero no da más pistas. Habla de tener cuidado, las personas no son lo que parecen, pero de forma muy poco precisa.

5. Habla del poder. De ambiciones. De conspiraciones.



Las más condensada es la última, y a su vez tiene lo suficiente para intrigar. Las más genérica es la cuarta, da pocas pistas. La segunda y la tercera inspiran: te llevan directamente al pasado. La primera es la que claramente tiene una redacción con un espíritu más positivo.
Todas me traen buenos recuerdos, pero mis dos favoritas, sin ser capaz de decidirme, son la tercera y la quinta. La tercera, por esa energía que transmite, esa acción en marcha. La quinta, por su concisión y sin embargo por ser capaz de sugerir una lucha de poder. En ambas, porque te meten de forma má directa que las otras en un Conflicto.


Estas frases corresponden a mis novelas.

1. El esclavo de la Al Hamrá.
2. El Mármara en llamas.
3. El Señor de Castilla.
4. Lope. La furia del fénix.
5. El veneciano.

Me doy cuenta que tiendo a situaciones dramáticas y de tensión. ¿Prefieren los lectores eso, o están saturados de tristeza y miseria, y prefieren más alegría y vida, menos tristeza y muerte?


lunes, 1 de octubre de 2018

¿Pero todavía va gente a las librerías?



Es el comentario que me hizo hace unos días un compañero de trabajo. Según él, como vivimos en un mundo global, ¿para qué ir a una tienda, si todo puede comprarse online? Y es que esa parece la tendencia para todo. Antes ibas a una tienda porque tenía escaparate donde ver qué ofrecían y entrabas a comprar porque era donde podías adquirirlo. Ahora, ni siquiera los productos perecederos se salvan. Todo puede comprarse a través de una pantalla. No es necesario salir de casa.
                No es que sea algo malo. Es práctico, desde luego. Yo también compro online, y casi siempre libros. Pero mi preferencia es acudir a una librería. Compro online porque no tengo tiempo de escaparme dos horas a perderme entre libros. Cuestiones de tiempo y familiares.

                ¿Qué busca alguien en una librería?

                -Una recomendación de lectura por parte de un librero. Pero mi compañero dice que ya por la red puedes encontrar la opinión de miles de consumidores sobre cualquier cosa, que miles de anónimos comentaristas hablan sin tapujos de lo bueno y de lo malo, sin sesgos interesados. Que un librero no puede saber sobre todos los libros que vende, así que al final casi seguro que lo que te comente no te aporta nada.



                -La lujuriosa satisfacción de ver estanterías llenas de libros, posibles lecturas satisfactorias. Pero mi compañero dice que en cualquier web de libros un lector curioso puede hallar lo mismo en su inacabable catálogo digital.

                -El placer encontrar un libro insospechado que le sorprenda. Pero mi compañero dice que eso de comprar al azar no requiere ir físicamente al establecimiento.

                -Una librería es un punto de encuentro cultural. Pero mi compañero dice que no, que una librería es un almacén de libros, que trae libros de otro almacén aún mayor, y que para qué pagar por un intermediario.

                -La palabra escrito porque alimenta la imaginación y la curiosidad. Pero mi compañero dice que ver una página llena de letras le aburre y está obsoleto. Lo que hay que hacer, dice él, es presentar las historias de los libros en formato serie o documental, con modelos tridimensionales, escenarios, música evocadora, algo excitante que no aburra, y que no requiera tanto esfuerzo de concentración.


 Pero la gente sigue leyendo (salvo mi compañero). Cada año se sigue celebrando la Feria del Libro de Frankfurt (este año del 10 al 14 de octubre) donde acude cientos de agentes y editoriales a negociar publicaciones y traducciones de miles de libros, de un país a otro. La lectura sigue viva, compitiendo con otras formas de entretenimiento audiovisual. Pero la palabra escrita es la fuente madre de la que se alimentan esas otras formas. Acudir a la fuente madre es una poderosa experiencia. Cada libro es una llave a otro mundo, pero ese mundo depende de cada persona, de sus emociones, experiencias e imaginación. En algunos se convierte en adición. En otros, nada. La palabra escrita no es para todos. Y sin embargo esa misma palabra en imágenes puede convencer a los renuentes. Al final, lo que pasa es que queremos que nos cuenten historias, y nos gusta el aspecto tribal de compartir esas historias y experiencias.

Por eso acude la gente a la librería, para convertir una actividad solitaria en una actividad de tribu. Por eso podrás jugar online en casa, pero preferirás hablar de libros en persona con otros bibliópatas en una librería.

Creo que quien no lee se está perdiendo uno de los placeres de la vida.

miércoles, 27 de junio de 2018

Por qué me gusta escribir. Por qué me gusta la historia.



Hoy he tenidos noticias en el trabajo. Pronto habrá cambios para mí, y no sé si para bien o para mal. No por esperadas han dejado de sorprenderme, ni de sumirme en una especie de duelo y tristeza.

Por eso, esta tarde me he escapado al pasado dos mil años atrás. He visitado Itálica. Y como cada vez, me ha sorprendido. El calor aún es soportable. Por dos horas he sido el único visitante de todo el yacimiento. Trajano, el emperador romano que expandió Roma hasta su máxima extensión, la enriqueció, la dotó de nuevas termas, murallas, acueductos, calles y ciudadanos. Y en vez de ser un polo de atracción cultural, duerme en la desidia de la administración pública. Debería estar llena de visitantes, rebosar vida; en vez de eso, más que un yacimiento de primer orden parece un enorme monumento muerto, envuelto en olvido y soledad.



En esa soledad he paseado por sus calles. ¿Por qué me gusta escribir? Porque a veces no soy de capaz de articular mis miedos, mi desasosiego en forma hablada, y en cambio es fácil hacerlo por escrito. Esos días, mis personajes sufren. Esos días, escribo mis mejores páginas.

Hoy he jugado a leer las piedras, las grandes losas de las calles romanas de Itálica. De sombra en sombra, de piedra en piedra, hasta que he encontrado lo que buscaba. El eco del pasado. Donde muchos quizás ven un lugar tórrido y sin interés, yo me emociono. Esas rayas no son un sinsentido. Son los trazos que realizó de un hombre que una vez fue niño, y allí, en la calle, entre decuriones, duunviros y sacerdotes, entre esclavos y mercaderes, jugaba con otros amigos cuando aún tenía tiempo e infancia. Un niño que crecería, que se alistaría en las legiones, y que, con suerte, quizás consiguiera volver de las guerras con Trajano en el otro extremo del imperio, en Ctesifonte, con riquezas, honor y tierras, y quizás pudiera enseñar a sus nietos a jugar a aquel mismo juego, sobre aquella misma piedra.



En una de las calles secundarias se ha dejado visible tras una reja un tramo de tubería romana, una tubería de plomo. De nuevo, el eco del pasado. Sobre su superficie se lee IMP. Un fontanero hizo la tubería, doblando una lámina de plomo en su taller, con sus extremos de enchufe y campana, como en este siglo XXI, y con su cierre longitudinal estanco, doblado como el pliegue de una empanada. Y ese plomo, ¡si hablara! Quizás llegara desde la minas de plomo argentífero de Cástulo, la actual linares, descendiendo por el río Betis (el actual Guadalquivir) en forma de lingotes con los dos sellos de control imperial hasta Hispalis, y desde ahí, a la factoría del fontanero. Un rico propietario le pagaría, para que dotara a las letrinas de su nueva casa en Itálica de salida de aguas a la cloaca máxima. Esa cloaca que también recoge las aguas sucias del anfiteatro.



El anfiteatro. ¿Ocultará en sus galerías oscuras los rastros de mensajes de amores desdichados, de promesas electorales siempre incumplidas? Y esos sumideros junto a la entrada del monumento, a saber si no recogerían las necesidades urinarias incontenibles de asistentes tardíos al espectáculo; o de borrachos nocturnos esquivando a los vigiles de guardia.

Al atardecer he descubierto el acceso  a la cavea media, y he llegado al palco central. Allí la visión del anfiteatro es magnífica. Por la mañana disfrutaría de las luchas entre fieras y luchadores, y por la tarde, los gladiadores se ofrecerían para deleitarme con su ferocidad y su exhibición de habilidad y fuerza.

El pasado me provoca esas ensoñaciones que me alejan de mis preocupaciones, mis miedos, mis inseguridades. Por eso me gusta la historia. Por eso, me gusta escribir novela histórica, intento escribir novela histórica y no desanimarme, porque aún (¡no se cuánto me durará esta sensación!) me siento un aprendiz. Hay mucho libro bueno y muy buenos escritores ahí fuera. Y todos ellos me intimidan.
En realidad, desde hace ya algún tiempo, me intimidan muchas cosas.
-Necesito formar parte de algo. Formar parte de algo bueno.
(El último judío, de Noah Gordon, pág. 264)
Por la nueva ley de protección de datos he deshabilitado los comentarios, pero podéis encontrarme en Facebook, Twitter o por email, por si queréis opinar de esta entrada.

martes, 15 de mayo de 2018

¡No, amo, al estanque no! (Hay vida más allá de las lampreas)


Hace un momento respondía al comentario de un lector: al escribir hay que disfrutar con lo que se hace, sin mirar si a otro le gustará o no. Hay tanta gente en todas partes, que seguro que todos los libros tienen lectores (encontrarlos o que te encuentren es más laborioso).
Lo importante es escribir con entusiasmo, para ser capaz de defender y propagar tu trabajo con ese mismo ímpetu y convencimiento.
Como sabéis ahora estoy en plena faena escribiendo una novela ambientada en Roma. Es una época sobre la que uno cree que está todo dicho, hasta que tropieza con el germen de una historia pendiente de ser contada. Y en ello estoy. Leyendo, buscando, recopilando, comprando, escuchando, visitando... de un tiempo a esta parte, todo lo que hago, leo, escucho, veo está relacionado con Roma.
Un tema importante en mi novela será la esclavitud. 
Un esclavo vale menos que un perro, porque el perro no replica.
Un esclavo es una herramienta que habla.
Un esclavo es un resentido que puede asesinarte.

Leí una anécdota referida a los esclavos que me dejó anonadado.

El emperador Augusto acudió una noche a cenar a casa de un banquero llamado Vedio Polion. El anfitrión decidió impresionar al emperador y a su comitiva: platos ostentosos, costoso vino de Falerno, música y bailarines, las mejores galas, aguas perfumadas, la mejor vajilla de la casa. Quería demostrar su riqueza, y también que era un buen romano, con todas las virtudes romanas  clásicas, incluyendo la severidad con los esclavos. Así, cuando a un esclavo llamado Catón se le escurrió una costosa copa de cristal tallado llena de vino y ésta se hizo añicos contra el mármol del suelo, no dudó en castigarlo con la máxima pena: arrojarlo vivo al estanque de la villa donde criaba carísimas lampreas.
Las lampreas, peces resbaladizos semejantes a serpientes, tienen una boca en forma de ventosa plagada de dientes. Se adhieren a sus víctimas en multitud, con hambre, con ansia (les gusta la sangre), las llagan y las desangran vivas. Horroroso. Vedio Polion pensó que era un genio: demostraba quién mandaba en casa, al castigar a Catón castigaba a todos los esclavos (que debían vivir en pavor absoluto) y alimentaba a sus costosas lampreas, que servían para elaborar un codiciado plato. 

El esclavo se arrojó a los pies del emperador, suplicando morir de cualquier otra forma en vez de en aquel estanque de los horrores. Y Augusto decidió escarmentar al banquero. Perdonó la vida al esclavo; reprendió a Polion que aquello no era severidad, sino crueldad gratuita, y que un amo debía ser severo y además ser justo. Ante todos los invitados, Augusto ordenó a Polion que demoliera su estanque y diera muerte a todas las lampreas. Y por último, ordenó que los esclavos llevaran ante ellos todo el menaje de cristal de la villa y que rompieran cada pieza, una a una, ante su amo; y ninguno sería castigado por ello.
Las lampreas fueron primero asfixiadas y después quemadas. En una noche Vedio Polion perdió una fortuna y ganó la burla a su nombre (también la inmortalidad literaria). Supongo que en el foro le señalarían: "Ahí va el de las lampreas, el banquero que chupaba la sangre".
(Yo creo que Augusto no lo hizo por piedad hacia el esclavo, sino por política. Si hubiera consentido en su presencia esa crueldad, lo hubieran tildado a él también de cruel. Al amparar al esclavo y castigar al banquero, se alzaba por encima de todos ellos: "Aquí el que manda soy yo, severo pero también piadoso y justo.")

A veces, la vida te quiere arrojar al estanque de las lampreas. O te dejas, o te resistes. Hay cambios en mi vida de escritor, espero que a mejor. Ya he firmado el contrato: este año publicaré con EDHASA. Ya os contaré más adelante.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Tres deseos para 2018

Ahora que nadie mira los blogs, y menos hoy a 31 de diciembre, os apunto cuáles son mis deseos para el 2018.

-En lo literario, la publicación de un nuevo libro.
2017 ha sido para mí un año irregular. Esperaba la publicación de una nueva novela, que estaba incluso contratada, pero las fusiones editoriales pudieron más que los buenos deseos y las promesas. Creo que el mercado editorial tradicional seguirá reduciéndose, habrá más fusiones y reestructuraciones de las editoriales, y eso se traducirá en menos títulos publicados. Esas son malas noticias para las ilusiones de los autores. Pero las editoriales son negocios, no fabricantes de ilusiones. Eso se traduce en que todos los autores debemos asumir eso, habrá más competencia. Y en eso doy la razón a Ken Follet: no podemos quejarnos de que se venden menos libros, sino que tenemos que esforzarnos para escribir mejores libros.
En eso sí me he esforzado. Terminé en 2017 un nuevo manuscrito, revisado y todo, y empecé otro, a 1500 años de distancia del anterior. El primer hito ya lo he cumplido hace una hora: he alcanzado 100 páginas del primer borrador antes de la finalización de 2017.
Como todo está como está, sigo confiando en la labor de mi agente literario, y espero que alguno de mis vástagos inéditos (tiene 4 en su poder) alcance las imprentas y los lectores en 2018. Espero tener pronto noticias.

He leído bastante este año. Para mí, mi lectura del año ha sido AZTECA, de Gary Jennings. 10/10.



-En lo laboral, encontrar un nuevo trabajo.
Ya he cruzado eso que llaman la Crisis de los 40. Y en crisis sigo. Espero cambiar mis circunstancias laborales, a mejor si es posible, y no me refiero solo a lo económico. A veces otros aspectos tienen prioridades, como el sentirse valorado (no me siento), el trato personal (poco), la atención a sugerencias propias de cambios (ninguna), adaptación a nuevas situaciones personales (ninguna), la formación continua prometida (ninguna). Por decirlo literariamente, este barco ya no me lleva a ninguna parte, así que pronto me lanzaré al agua, con salvavidas o sin él.

 -En lo personal, aumentar la familia.
No es lo menos importante, aunque lo comente lo último. Los años pasan volando y hay ciclos que se dan unos años en la vida y ya nunca más. Si mis dos primeros deseos se cumplen, este último será fácil de lograr. Si no, lo mismo tocará tomar varias decisiones arriesgadas.

Con las nuevas tecnologías escribir es más fácil. Hace dos meses que escribo también con el móvil, con una aplicación llamada Writer. Cualquier tiempo muerto es bueno para sumar unos párrafos. Y sumando, llegas a páginas, de páginas a capítulos... Me está cundiendo más. Luego lo vuelco al ordenador y lo fusiono con el texto en Word. Así estoy inmerso en la historia en todo momento, todo hueco es para escribir algo, poco o mucho, pero algo.
Encontrar tiempo ha sido a costa de otras cosas, como renunciar a las Jornadas de Granada, que no hemos podido mantener. La ilusión se desgasta y también hay decepciones. Pero la vida es superar decepciones. Y escribir, que no falte.



Escribid mucho.
Feliz 2018 a todos.

Blas Malo Poyatos
blasmalo@yahoo.es
www.blasmalopoyatos.com

martes, 12 de julio de 2016

Mis dos centavos: pasión por la Edad Media

Estoy en semanas de cambio. Cambio de residencia, cambio de trabajo, cambio de perspectivas... Sin embargo, en los últimos diez meses no he visto apenas tele ni noticias y me da a mí que no me he perdido nada. Política y fútbol, las mismas caras, las mismas palabras... malo. Señal de que el país está paralizado. Alrededor, miro y todo es lo mismo. Estamos estancados. Ni se ven perspectivas, ni ilusiones, sólo miedo.

En el trabajo, con nuevos compañeros, lo mismo. Todos atentos a ver quién sigue, a quién despiden esta semana. Y la otra. Y la siguiente. Y así sucesivamente. Lo cual es descorazonador.

Pero en mi caso, el remedio lo encuentro en los libros. En mi oficina ya corren rumores sobre mis novelas. Y he comprobado que, a pesar de tener 4 títulos ambientadas en diferentes momentos de la Historia, la época preferida sobre lectura en el género histórico es la Edad Media. Que los principales lectores interesados son mujeres.

¿Por qué la Edad Media? Las dos grandes épocas tratadas por las editoriales son Roma y Edad Media. Siguen publicándose muchas novelas sobre el pasado del Imperio Romano y sobre nuestro medievo peninsular (musulmanes, cristianos, las Navas de Tolosa). De romanos hasta en la sopa, seguimos sorprendiéndonos de los logros de una civilización que dominó Europa con sus legiones y su logística (carreteras, acueductos y grandes obras públicas). Por mi parte, estoy saturado de tanta novela romana. Me daré un respiro en verano.



¿Por qué nos fascina tanto el Medievo? Será porque España fue tierra de frontera. Y en toda frontera hay conflictos. Ambiciones de reyes frente a los primeros burgueses. Enfrentamiento de civilizaciones. Castillos. Caballeros esforzados, garantes de un ideal de justicia en una tierra exenta de ella. Vastas tierras de nadie, desiertos demográficos, ocupados por colonos en busca de un futuro y por balbuceantes eremitas, que serán semilla de futuros monasterios. Quizás nos fascina esta era porque aún existía la sorpresa, el mundo era inmenso y plano y el océano circundante terminaba en unas terribles cataratas, merodeadas por monstruos marinos. Las Cruzadas en Tierra Santa tenían su reflejo en las fronteras entre los reinos de León, Castilla y Aragón frente al-Andalus, Córdoba era la ciudad más poblada de Occidente, y era musulmana, mientras que en Oriente la mítica y cristiana Constantinopla soportaba el empuje constante desde Damasco.

Quizás nos atraen esos siglos porque aún se creía en lo imposible. En los mitos, en lo sobrenatural, en las leyendas artúricas, en la piedad y en la venganza de Dios, en la brujería y hechicería frente al cristianismo que regulaba toda la vida de los súbditos y señores. En el asombro y el miedo por puro desconocimiento. Los monstruos y males acechan al hombre, pobre, frágil, miserable, aplastado por los tributos y sus obligaciones, por la peste negra, por las guerras, por el caprichoso deseo de sus señores y monarcas, el yugo y el miedo a la muerte. Y sin embargo, esos hombres sobrevivieron. Creyeron en los trovadores y en la búsqueda del Grial. Y de la Edad Media, poco a poco, se abrió paso una nueva era.

En estos tiempos tan confusos y tan descreídos a pesar de tanta Nueva Era Digital, quizás la fe de esta gente antigua en sí mismos para sobrevivir es lo que nos atrae tanto. Tenemos suerte. Vivimos en España, tierra de castillos, torres, puentes, monasterios y catedrales. Cada uno de ellos, nos susurra la dura vida de una era pasada, pero no olvidada.

jueves, 14 de abril de 2016

Mis dos centavos: Por Itálica

Ayer pude disponer de la tarde entera para mí. En Sevilla son días de feria a pesar de la lluvia. Se acerca la fecha del 23 de abril, comienzo de muchos eventos en multitud de Ferias de Libros en nuestro país. Después de pasar la semana pasada por Guillena, tengo una conferencia y una presentación previstas en la FLG 2016. Sigue en marcha la promoción de mi nueva novela "LOPE. LA FURIA DEL FÉNIX", con entrevistas y saludos a los lectores. Del trabajo que me paga las facturas mejor no os cuento nada, salvo que todo va a peor.

Entre viajes y familia, libros y obligaciones, me tomé el capricho ayer de volver al pasado y viajar dos mil años atrás en el tiempo, hasta la colonia romana de Aelia Augusta Itálica en Santiponce (Sevilla). No había casi nadie. La Feria de Abril es lo que es. Y esta ciudad romana está dormida desde que en 1984 dejaran de realizarse excavaciones para su estudio.



Mientras recorría sus calles antaño porticadas y habitadas por treinta mil ciudadanos, y sus solares que duermen bajo campos labrados ocultando sus secretos, pensé en lo que fueron, en lo que son ahora. Los libros. Se oyen noticias pavorosas sobre el mundo de los libros. No se lee. Cifras de ventas que antes eran ridículas ahora son superventas. El único remedio que conozco es escribir mejores libros. Si es un ciclo, se verá. Si es el fin, se verá también.

Lo mejor fue la sorpresa que guardaba el anfiteatro. No me había fijado antes en los grafitis que adornan los ladrillos de las galerías bajo la cavea. Allí está el testimonio escrito de quienes hace años pasaron, como yo, por esas galerías. Hicieron mal, quizás, pero ahí estaban sus nombres, sus dedicatorias. Busqué las más antiguas que pude.



"Pedro Pintor estuvo aquí en el año de la victoria, 27-7-1936" 
"Bernardo Jimenez, 1912"
"Jeronimo para María, 1902"
"Aquí estuvo Federico el día que entré en la Universidad de Sevilla y que me vaya bien, 1967"

Y muchas más fechas y nombres, 1923, 1925, 1927, 1932. En aquellos ladrillos en penumbra, con trazos de carboncillo que las filtraciones han cubierto de una película de calcita, preservando por mucho tiempo, esas personas querían preservarse de alguna forma. ¿Muertos, separados, con hijos, con nietos, desaparecidos, emigrados? ¿En luna de miel, de excursión, como amantes furtivos? Sintieron la necesidad de dejar algo, de escribir en esas paredes que habían sobrevivido dos mil años. De escribir y de que alguien, quizás, les leyera y se preguntara por ellos. De dejar impronta, con la esperanza de no morir del todo ni para siempre.

El que escribe, aspira a que alguien lo lea. Yo los leí ayer, a muchos, hasta donde pude leer. Cada ladrillo podía ser una lápida funeraria. O un libro testamentario. Una cápsula del tiempo. Emocionado, decidí que el hecho de escribir no morirá. El de leer quiero creer que tampoco.

martes, 8 de diciembre de 2015

Escribir es más dificil siendo padre. Pero no imposible

Desde mi paternidad hace ya cinco meses, mi vida ha cambiado totalmente. De mi vida laboral no hablo, sigue en equilibrio inestable. En lo personal, estoy en adaptación continua a lo que es estar desplazado por trabajo entre semana, y los fines de semana estar a tiempo completo con el cuidado y la responsabilidad de un niño pequeño. También hay disfrute, cada vez más en tanto Blas Jr crece y cambia de ser una máquina de hacer caca a ser un muñequillo risueño y algo travieso. También hay más sueño; más bostezos a medianoche; más reflexiones sobre el futuro.

Y en lo literario, hay menos lectura y menos escritura. Es inevitable, hay nuevas prioridades vitales.
Pero la Literatura no se acaba con el nacimiento de tu hijo. Y por eso me resultó llamativa la entrada que me enviaron desde el Writer Digest, ¿cómo organizarte para seguir siendo escritor a la vez que padre? ¿Cómo mantenerse creativo a pesar del cansancio acumulado?




1.- Piensa en tu historia, en tu argumento. 
El agotamiento y el estrés por el niño no durarán siempre. Mientras, aunque no puedas escribir ni una palabra, puedes pensar, así que haz eso. Piensa. En los elementos, en los personajes, en la trama. Mantén tu historia viva en tu mente, progresando, encajando las piezas. Y cuando llegue un momento de calma, anota tus ideas. Ya llegará en momento de escribir. Mientras, puedes construir tu argumento.

2.- Cuando el niño duerme.
Si hay una oportunidad de escribir, es cuando la fierecilla descansa. Eso sí, antes debes haber resuelto todas tus otras obligaciones, hay un dicho que dice "Una esposa feliz, una vida feliz". Si cumples eso, también lograrás una nueva rutina de escritura.

3.- Repasa viejas historias o trabajos sin terminar.
Crear exige más que el hecho de revisar o releer. Si tienes un momento libre, puede ser bueno para tu creatividad releer esas narraciones que empezaste pero no concluiste. Puede darte nuevas perspectivas (qué considerar bien hecho, qué no) y nuevos impulsos para continuar.

4.- Escucha audiolibros.
Si no puedes escribir, puedes estar activo escuchando audiolibros. Requiere menos ataduras que leer, y puedes hacerlo en cualquier momento, incluso mientras realizar tus rutinas de cuidado de tu hijo. [NOTA: lo mismo sucede con las peliculas, si no tienes tiempo para ver la televisión, sí puedes escuchar peliculas audiodescritas. MUY instructivo]

5.-Usa un programa de reconocimiento de texto.
¿No puedes escribir? Pues que un programa lo haga por ti. Mientras estás paseando a la fiera. Hay tanta gente por la calle hablando con el telefono por manos libres que nadie reparará en ti: estarás escribiendo al dictado. Es una forma de avanzar en tu escritura. Puede ser muy cómoda y eficaz.

6.-Escribir te ayudará a sobrevivir al día a día.
Criar a un niño puede ser muy estresante. Escribir, o pensar en escribir, te ayudará a estar calmado. Además, durante la crianza, te verás saturado de información sobre cómo cuidar a tu hijo; y eso te hará más eficaz para analizar y procesar información, una habilidad muy necesaria para los escritores. Te puedes encontrar de pronto con nuevas ideas y nuevos alicientes para escribir.

Ahora mismo, por ejemplo. Mientras la fiera y mi mujer descansan unos minutos, aqui estoy dándole a la tecla y sin dejar de pensar en mi manuscrito, Que es a lo que voy a dedicar unos minutos ahora. No hay que desanimarse por escribir menos, se trata de seguir disfrutando y escribiendo.

El artículo original, aquí:
http://www.writersdigest.com/online-editor/6-ways-to-stay-creative-as-a-writer-when-youre-a-parent?utm_source=newsletter&utm_campaign=wd-bak-nl-151119&utm_content=801404_WDE151124&utm_medium=email