Después de una fabulosa conferencia en Montiel, mi siguiente aportación literaria este año tendrá lugar los próximos 15 y 16 de marzo de 2014, con la celebración de las II Jornadas de Novela Histórica de Granada, conmigo como director y con Carolina Molina y Mario Villén como coordinadores. El tema central es "Narradoras y narradas: mujeres de novela".
Os dejo el cartel y el programa del evento. Serán dos días intensos de vida literaria, ¡no os lo perdáis, el aforo es limitado!
Como veis, en esta segunda edición contaremos con un amplio cartel de autores de novela histórica, incluso autores extranjeros. Seguro que las jornadas no os defraudarán. Son una excusa magnífica para visitar Granada.
Si queréis saber más de las Jornadas y de la asociación cultural en la que estamos trabajando para afianzar el evento podeís visitar el Blog:
JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA
Pues sí, Hemingway fue rechazado veintisiete veces, veintisiete nada menos, veintisiete editoriales que lo descartaron mondo y lirondo. Que luego ganara el premio Nobel de literatura no es lo importante, sino que encajó veintisiete derrotas una tras otra y sin embargo volvía a levantarse. Todo un peso pesado de las letras.
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domingo, 9 de marzo de 2014
domingo, 21 de octubre de 2012
Escribir una novela (XII): lo que de verdad importa.
He escuchado y leído muchas opiniones esta semana sobre libros y literatura, sobre autores y editoriales:
-Sobre los engaños de editores sin escrúpulos que huyen con los beneficios de autores noveles cuyas obras han llegado a la reedicíón, dejando entrampados a impresores, diseñadores, distribuidores y autores.
-Sobre autores que creen en su trabajo a pesar de una, dos experiencias traumáticas con editoriales pequeñas, y que siguen promoviendo sus manuscritos.
-Sobre autores que han perdido su medio de vida, su trabajo del día a día, por los recortes y la crisis, y que, tristes, siguen escribiendo.
-Sobre autores experimentados entristecidos porque sus manuscritos han quedado este año encima de la mesa de su editor, y sin respuesta.
-Sobre lectores que no comprenden por qué, de una misma editorial, una novela histórica de 800 páginas y sin mapas cuesta 28 € mientras otra de mayor grosor, misma encuadernación y con mapas en las guardas cuesta 23 €.
-Sobre autores y lectores que se juntan en unas jornadas de novelas, evento que visto desde fuera parece un oasis en peligro, rodeado de un lago reseco de tierra salada y resquebrajada.
-Sobre defensores a ultranza de que la cultura debe ser gratuita, por los medios que sea, en el formato que sea.
-Sobre lectores que desesperados claman en los foros por enlaces de descarga gratuita de ebooks de AMAZON que cuestan 0.89 €.
-Sobre lectores que vaticinan la desaparición de las bibliotecas, por obsoletas y porque nadie las usa.
-Sobre editoriales que desde la Feria de Frankfurt negocian las novedades editoriales de aquí al año 2018.
-Sobre libreros que demonizan el libro electrónico como enemigo del libro impreso, cuando en su página web venden ambos formatos.
-Sobre no lectores que se ufanan de ello.
-Sobre la invisibilidad y el anonimato de los libros, entre tanta marabunta de novedades digitales e impresas, y la dificultad de llamar la atención de los lectores.
-Sobre reajustes de personal de las editoriales, que siguen almacenando centenares de miles de ejemplares en sus almacenes, cuyo destino será el reciclaje de la pulpa de celulosa.
-Sobre la desaparición de los jóvenes que antes leían en los medios de transporte.
-Sobre adminstradores de foros de literatura y de lectura, que ven cómo cada día reciben menos visitantes, a pesar de las promociones de precio reducido de libros para los socios del foro.
-Sobre lectores periódicos, que cada vez menos noticias de cultura y ciencia en semanarios y diarios.
-Sobre la crisis, que convierte en una odisea enfrentarse a los lunes los que aún tenemos trabajo. Para los que no, la odisea es diaria.
-Sobre redactores que se atreven a sacar a la calle nuevas revistas de divulgación histórica y de libros, y nuevas editoriales también, pequeños mamíferos que buscan medrar entre los estertores de dinosaurios.
Epícteto decía: si quieres ser escritor, escribe.
Para todos aquellos apasionados por las letras: lo único que importa es que cuando la Inspiración susurra, las paredes se desvanecen, el mundo moderno deja de tener sentido, la mente se puebla de personajes que reviven de entre los muertos sólo para ti, y los escuchas, el rumor de sus palabras, el palpitar de sus emociones y sus latidos te traspasan y te dejan sin aliento, y antes que ese sueño se diluya sabes que debes otorgarle inmortalidad con tus palabras imperfectas, no porque otros deban leerlo, sino porque si no lo escribes será como si no lo hubieras vivido.
Si sientes esa necesidad, entonces ya puedes escribir.
-Sobre los engaños de editores sin escrúpulos que huyen con los beneficios de autores noveles cuyas obras han llegado a la reedicíón, dejando entrampados a impresores, diseñadores, distribuidores y autores.
-Sobre autores que creen en su trabajo a pesar de una, dos experiencias traumáticas con editoriales pequeñas, y que siguen promoviendo sus manuscritos.
-Sobre autores que han perdido su medio de vida, su trabajo del día a día, por los recortes y la crisis, y que, tristes, siguen escribiendo.
-Sobre autores experimentados entristecidos porque sus manuscritos han quedado este año encima de la mesa de su editor, y sin respuesta.
-Sobre lectores que no comprenden por qué, de una misma editorial, una novela histórica de 800 páginas y sin mapas cuesta 28 € mientras otra de mayor grosor, misma encuadernación y con mapas en las guardas cuesta 23 €.
-Sobre autores y lectores que se juntan en unas jornadas de novelas, evento que visto desde fuera parece un oasis en peligro, rodeado de un lago reseco de tierra salada y resquebrajada.
-Sobre defensores a ultranza de que la cultura debe ser gratuita, por los medios que sea, en el formato que sea.
-Sobre lectores que desesperados claman en los foros por enlaces de descarga gratuita de ebooks de AMAZON que cuestan 0.89 €.
-Sobre lectores que vaticinan la desaparición de las bibliotecas, por obsoletas y porque nadie las usa.
-Sobre editoriales que desde la Feria de Frankfurt negocian las novedades editoriales de aquí al año 2018.
-Sobre libreros que demonizan el libro electrónico como enemigo del libro impreso, cuando en su página web venden ambos formatos.
-Sobre no lectores que se ufanan de ello.
-Sobre la invisibilidad y el anonimato de los libros, entre tanta marabunta de novedades digitales e impresas, y la dificultad de llamar la atención de los lectores.
-Sobre reajustes de personal de las editoriales, que siguen almacenando centenares de miles de ejemplares en sus almacenes, cuyo destino será el reciclaje de la pulpa de celulosa.
-Sobre la desaparición de los jóvenes que antes leían en los medios de transporte.
-Sobre adminstradores de foros de literatura y de lectura, que ven cómo cada día reciben menos visitantes, a pesar de las promociones de precio reducido de libros para los socios del foro.
-Sobre lectores periódicos, que cada vez menos noticias de cultura y ciencia en semanarios y diarios.
-Sobre la crisis, que convierte en una odisea enfrentarse a los lunes los que aún tenemos trabajo. Para los que no, la odisea es diaria.
-Sobre redactores que se atreven a sacar a la calle nuevas revistas de divulgación histórica y de libros, y nuevas editoriales también, pequeños mamíferos que buscan medrar entre los estertores de dinosaurios.
Epícteto decía: si quieres ser escritor, escribe.
Para todos aquellos apasionados por las letras: lo único que importa es que cuando la Inspiración susurra, las paredes se desvanecen, el mundo moderno deja de tener sentido, la mente se puebla de personajes que reviven de entre los muertos sólo para ti, y los escuchas, el rumor de sus palabras, el palpitar de sus emociones y sus latidos te traspasan y te dejan sin aliento, y antes que ese sueño se diluya sabes que debes otorgarle inmortalidad con tus palabras imperfectas, no porque otros deban leerlo, sino porque si no lo escribes será como si no lo hubieras vivido.
Si sientes esa necesidad, entonces ya puedes escribir.
domingo, 9 de septiembre de 2012
La palabra más fea
Hace cuatro días en Sevilla mantuve una interesante conversación entre compañeros de trabajo a la hora del desayuno. Mientras el gerente de obra nos invitaba a los cuatro a tomarnos un zumo de naranja y media tostada con aceite y tomate, y hablábamos de ciclismo, asunto de trabajo y de la Crisis, yo intercalé una cuña para hablar un poco sobre lecturas y libros; entonces me preguntaron sobre la singladura de "El Mármara en llamas" y salió a la luz una palabra horrible, un barbarismo que hace meses que inunda telediarios y conversaciones, incluso Blogs en internet y que no puedo soportar.
El término sale en el Diccionario de la Real Academia Española, pero el significado que se le da es el barbarismo. La palabra es "monetizar":
monetizar.
1. tr. Dar curso legal como moneda a billetes de banco u otros signos pecuniarios.
2. tr. Hacer moneda.
Eso dice la RAE. Sin embargo, el uso que se da es con el significado siguiente: "asignar un valor económico a una actividad, pensamiento, idea, tarea o proceso, capaz de transformación en un beneficio económico a corto plazo". Tal significado digo yo que vendrá del inglés, que nos invade con sus términos, de "money" (dinero).
Monetizar. Esa fue el término que emplearon al hablar de los libros: monetizaron la escritura. La frase en cuestión que me puso un poco de mala leche fue:
-Pero Blas, ¿merece la pena dedicar tanto a tiempo documentarse, leer y a escribir un libro, con tanto tiempo que le dedicas ganas dinero suficiente?
Monetizar. Ese es mal de nuestro tiempo, el mal que ha provocado la Crisis, la obsesión del mundo moderno: que todo lo que se haga, todo, debe tener un objetivo económico. Ganar dinero, como sea y ganarlo ya. Cuanto más, mejor. Todo lo que no sea fútbol, sol, playa o barbacoas, debe ser trabajo con beneficios. Si no, eres un necio.
Y no todo se reduce a dinero. Dinero, ganar, vender. ¿Vender miles de libros para ganar dinero? Les comenté un símil entre futbolistas y escritores. Sobre escritores hay algunos, pocos, que viven de los libros. Hay unos pocos más, un número también escaso, que malvive (o sobrevive) de los libros. Y hay muchos más, la mayoría, que ni vive ni malvive ni nada de nada. Sé lo complicado que es todo, pero hay que tener ilusiones, y me gustaría pasar de la tercera a la segunda categoría. En ello estoy, pensando en cómo hacer para dividir mi tiempo entre un trabajo compaginable y la escritura.
Monetizar. No se puede monetizar la ilusión, el conocer a otros compañeros de pluma, el apoyo de la editorial, el contacto con los lectores, el olor del papel y la emoción de una historia bien terminada. El dinero es una herramienta, pero no debe ser el fin de todo, y ésa máxima sí que ha sido el dogma en el sector de la construcción y de la ingeniería civil, que es donde me muevo, y de la banca, y la política, y por eso tenemos nuestro país, España (con todas las letras), postrada. Por monetizar la sanidad, la educación, la universidad. Según eso, la cultura, el pensamiento, las Humanidades, no interesan porque no son monetizables, no dan un beneficio inmediato a corto plazo.
Me opongo a esa fea palabra. Esa conversación ha dado un toque de atención a mi pensamiento, y me ha alejado un poco más de la ingeniería y de los números.
El término sale en el Diccionario de la Real Academia Española, pero el significado que se le da es el barbarismo. La palabra es "monetizar":
monetizar.
1. tr. Dar curso legal como moneda a billetes de banco u otros signos pecuniarios.
2. tr. Hacer moneda.
Eso dice la RAE. Sin embargo, el uso que se da es con el significado siguiente: "asignar un valor económico a una actividad, pensamiento, idea, tarea o proceso, capaz de transformación en un beneficio económico a corto plazo". Tal significado digo yo que vendrá del inglés, que nos invade con sus términos, de "money" (dinero).
Monetizar. Esa fue el término que emplearon al hablar de los libros: monetizaron la escritura. La frase en cuestión que me puso un poco de mala leche fue:
-Pero Blas, ¿merece la pena dedicar tanto a tiempo documentarse, leer y a escribir un libro, con tanto tiempo que le dedicas ganas dinero suficiente?
Monetizar. Ese es mal de nuestro tiempo, el mal que ha provocado la Crisis, la obsesión del mundo moderno: que todo lo que se haga, todo, debe tener un objetivo económico. Ganar dinero, como sea y ganarlo ya. Cuanto más, mejor. Todo lo que no sea fútbol, sol, playa o barbacoas, debe ser trabajo con beneficios. Si no, eres un necio.
Y no todo se reduce a dinero. Dinero, ganar, vender. ¿Vender miles de libros para ganar dinero? Les comenté un símil entre futbolistas y escritores. Sobre escritores hay algunos, pocos, que viven de los libros. Hay unos pocos más, un número también escaso, que malvive (o sobrevive) de los libros. Y hay muchos más, la mayoría, que ni vive ni malvive ni nada de nada. Sé lo complicado que es todo, pero hay que tener ilusiones, y me gustaría pasar de la tercera a la segunda categoría. En ello estoy, pensando en cómo hacer para dividir mi tiempo entre un trabajo compaginable y la escritura.
Monetizar. No se puede monetizar la ilusión, el conocer a otros compañeros de pluma, el apoyo de la editorial, el contacto con los lectores, el olor del papel y la emoción de una historia bien terminada. El dinero es una herramienta, pero no debe ser el fin de todo, y ésa máxima sí que ha sido el dogma en el sector de la construcción y de la ingeniería civil, que es donde me muevo, y de la banca, y la política, y por eso tenemos nuestro país, España (con todas las letras), postrada. Por monetizar la sanidad, la educación, la universidad. Según eso, la cultura, el pensamiento, las Humanidades, no interesan porque no son monetizables, no dan un beneficio inmediato a corto plazo.
Me opongo a esa fea palabra. Esa conversación ha dado un toque de atención a mi pensamiento, y me ha alejado un poco más de la ingeniería y de los números.
domingo, 19 de agosto de 2012
Dos niños, David y Goliat
Ayer mismo estuve despidiéndome de mi hermano mayor, su mujer y sus dos niños en el aeropuerto de Granada, junto a nuestras familias; finalizadas sus vacaciones, regresan a su trabajo en Panamá, donde han tenido la posibilidad de recalar en un trabajo apasionante y bien remunerado, a diferencia de lo que aquí se puede encontrar ahora mismo en España. La contraparte es la distancia y la lejanía con la familia, no volveremos a verles cara a cara en meses. Mucho me temo que la emigración es una posibilidad que va a volverse certeza también en mi futuro inmediato.
El caso es que estos días he disfrutado de mis locos sobrinos, niño y niña de 4 y 6 años, respetivamente, y había pensado en hacerle unos regalos para que no se olviden de uno. ¿Qué regalo puede darles "el tito que escribe"? Pensé que sería bonito incentivarles a la lectura, y estuve viendo en una de mis librerías favoritas libros para niños, grandes, llenos de imágenes, con opciones como figuras en 3D que despliegan y arman al pasar las páginas; recortables para dar relieve a la historia que cuentan; pegatinas para jugar con los personajes y el cuento; zonas para colorear, acertijos, puzzles... No tenía claro qué les gustaría más, qué personajes infantiles son los que siguen en televisión o de los que tienen muñecos y ropa, así antes de comprar nada decide verles a ver si obtenía algunas pistas.
Llegué a casa de mis padres, donde los dos habían dormido esa noche, y entré en su cuarto, donde les oía reir y hablar a voces como hacen los niños. Para mi sorpresa, no estaban jugando, o sí, según se mire. Estaban entusiasmado con un juego de plataformas, que manejaban desde la pantalla táctil de una tablet. Con sólo 4 años, el pequeño de la casa hacía subir y bajar al personaje, que saltara esquivando obstáculos, para llegar al final de la fase del juego.
Leer es un hábito, hay que estimular a los niños para que les guste leer. Por muchos recortables y muchos dibujos que tengan los libros para niños, ¿pueden competir con un juego electrónico 100% visual que además les ofrece efectos especiales de sonido, y que requiere una fracción de esfuerzo y concentración que supone la lectura? Me hizo pensar cómo cambia todo, de una generación a otra.
La palabra escrita tendrá que renovarse, para ser atrayente a la nueva juventud, y quizás su futuro pase por hacerse primero digital (ya está dando sus pasos), y segundo, tan interactiva como un videojuego. Pero entonces será un videojuego, que no alimenta la imaginación sino que lo da todo hecho al lector, ¿eso supone perder la esencia de la lectura, la reinterpretación íntima que cada lector da a las palabras que lee? O lo mismo es un primer paso, y una oportunidad: así los niños se adaptan a las nuevas tecnologías y se acostumbarán a leer sólo en e-book cuando sean mayores.
Así que les dejé estar, aparte porque parecían más entretenidos con el tablet que conmigo mismo. El David digital le estaba dando una buena tunda al Goliat tradicional del libro impreso como entretenimiento.
El caso es que estos días he disfrutado de mis locos sobrinos, niño y niña de 4 y 6 años, respetivamente, y había pensado en hacerle unos regalos para que no se olviden de uno. ¿Qué regalo puede darles "el tito que escribe"? Pensé que sería bonito incentivarles a la lectura, y estuve viendo en una de mis librerías favoritas libros para niños, grandes, llenos de imágenes, con opciones como figuras en 3D que despliegan y arman al pasar las páginas; recortables para dar relieve a la historia que cuentan; pegatinas para jugar con los personajes y el cuento; zonas para colorear, acertijos, puzzles... No tenía claro qué les gustaría más, qué personajes infantiles son los que siguen en televisión o de los que tienen muñecos y ropa, así antes de comprar nada decide verles a ver si obtenía algunas pistas.
Llegué a casa de mis padres, donde los dos habían dormido esa noche, y entré en su cuarto, donde les oía reir y hablar a voces como hacen los niños. Para mi sorpresa, no estaban jugando, o sí, según se mire. Estaban entusiasmado con un juego de plataformas, que manejaban desde la pantalla táctil de una tablet. Con sólo 4 años, el pequeño de la casa hacía subir y bajar al personaje, que saltara esquivando obstáculos, para llegar al final de la fase del juego.
Leer es un hábito, hay que estimular a los niños para que les guste leer. Por muchos recortables y muchos dibujos que tengan los libros para niños, ¿pueden competir con un juego electrónico 100% visual que además les ofrece efectos especiales de sonido, y que requiere una fracción de esfuerzo y concentración que supone la lectura? Me hizo pensar cómo cambia todo, de una generación a otra.
La palabra escrita tendrá que renovarse, para ser atrayente a la nueva juventud, y quizás su futuro pase por hacerse primero digital (ya está dando sus pasos), y segundo, tan interactiva como un videojuego. Pero entonces será un videojuego, que no alimenta la imaginación sino que lo da todo hecho al lector, ¿eso supone perder la esencia de la lectura, la reinterpretación íntima que cada lector da a las palabras que lee? O lo mismo es un primer paso, y una oportunidad: así los niños se adaptan a las nuevas tecnologías y se acostumbarán a leer sólo en e-book cuando sean mayores.
Así que les dejé estar, aparte porque parecían más entretenidos con el tablet que conmigo mismo. El David digital le estaba dando una buena tunda al Goliat tradicional del libro impreso como entretenimiento.
sábado, 28 de enero de 2012
Escribir una novela (VII): La trama. Protagonistas y antagonistas
En la última entrada temática hablé sobre la importancia de darlo todo desde la primera página. Resumo qué es lo que tenemos hasta ahora:
-Una idea, sobre la que gira nuestra historia.
-Un Guión que desarrolla nuestra historia en capítulos.
-La primera página; el inicio de nuestro primer Borrador.

Hemos conseguido romper el hielo, la maldición de la hoja en blanco, y nos vamos ateniendo al Guión para escribir de verdad la primera versión de nuestra novela. Lógicamente, el guión no tiene todos los detalles, sobre fechas, hechos, personajes... se requiere seguir investigando. Es un proceso constante, y que no nos abandonará ni en la última página. En novela histórica, por ejemplo investigar y buscar datos supone el 70% del trabajo de escribir una novela.
Puede hacerse de dos formas: primero te documentas del todo y luego escribes, o comienzas a escribir y a la par sigues aprendiendo detalles de la época.
El primer método puede ser el que parece más lógico, pero es poco práctico, al menos en cuanto a novela histórica, porque el estudio puede dilatarse por mucho tiempo y siempre quedan cosas por aprender. Yo prefiero el segundo, digamos que uso "ingeniería concurrente" por usar un símil. Qué es eso: empezar la escritura sin esperar a tener todos los datos, y corregir según se vayan conociendo datos para resolver las dudas. A mí me resulta más práctico. Además, escribir siempre estimula y evita que la creatividad se oxide.
Tendremos tramas principales y secundarias. ¿Cómo podemos presentar a los personajes? En general tendremos dos bandos: "buenos" y "malos", digamos, por simplificar. Podemos presentarlos de forma diversa; por ejemplo:
-Protagonista y antagonista; y todos los demás, secundarios.
-Por parejas antagonistas, cada pareja con un miembro de cada bando. Permite explotar el Conflicto desde diferentes niveles y puntos de vista.
-Un único protagonista principal, contra el resto del mundo. Usado cuando la historia se narra en primera persona.
-Una novela río: hay un personaje principal, que no aparece; son todos los personajes secundarios los que cuentan la historia, contando las vicisitudes del protagonista hasta el final.

Aparte, está el asunto del género. Como los estudios de mercado indican que las mujeres son quienes más leen hay tendencia en hacer que, preferiblemente y si se puede, el personaje principal sea mujer. Bien, dependerá de la historia a contar y del género, pero a veces no puede elegirse. En novela histórica hay épocas donde la mujer no contaba para nada (aparte de hijos y hogar). Hacer que sea mujer porque pueda interesar más de cara a los lectores puede significar un anacronismo que puede matar la verosimilitud de la historia.
Claro, eso no quiera decir que la historia con esa licencia no sea atractiva. A lo mejor lo es más de cara al público; y puede interesar al autor y a la editorial. Yo prefiero respetar la Historia; que no tiene que ser incompatible con una novela emocionante. La próxima entrada hablaremos más sobre esto, y sobre las licencias narrativas del escritor.
-Una idea, sobre la que gira nuestra historia.
-Un Guión que desarrolla nuestra historia en capítulos.
-La primera página; el inicio de nuestro primer Borrador.

Hemos conseguido romper el hielo, la maldición de la hoja en blanco, y nos vamos ateniendo al Guión para escribir de verdad la primera versión de nuestra novela. Lógicamente, el guión no tiene todos los detalles, sobre fechas, hechos, personajes... se requiere seguir investigando. Es un proceso constante, y que no nos abandonará ni en la última página. En novela histórica, por ejemplo investigar y buscar datos supone el 70% del trabajo de escribir una novela.
Puede hacerse de dos formas: primero te documentas del todo y luego escribes, o comienzas a escribir y a la par sigues aprendiendo detalles de la época.
El primer método puede ser el que parece más lógico, pero es poco práctico, al menos en cuanto a novela histórica, porque el estudio puede dilatarse por mucho tiempo y siempre quedan cosas por aprender. Yo prefiero el segundo, digamos que uso "ingeniería concurrente" por usar un símil. Qué es eso: empezar la escritura sin esperar a tener todos los datos, y corregir según se vayan conociendo datos para resolver las dudas. A mí me resulta más práctico. Además, escribir siempre estimula y evita que la creatividad se oxide.
Tendremos tramas principales y secundarias. ¿Cómo podemos presentar a los personajes? En general tendremos dos bandos: "buenos" y "malos", digamos, por simplificar. Podemos presentarlos de forma diversa; por ejemplo:
-Protagonista y antagonista; y todos los demás, secundarios.
-Por parejas antagonistas, cada pareja con un miembro de cada bando. Permite explotar el Conflicto desde diferentes niveles y puntos de vista.
-Un único protagonista principal, contra el resto del mundo. Usado cuando la historia se narra en primera persona.
-Una novela río: hay un personaje principal, que no aparece; son todos los personajes secundarios los que cuentan la historia, contando las vicisitudes del protagonista hasta el final.

Aparte, está el asunto del género. Como los estudios de mercado indican que las mujeres son quienes más leen hay tendencia en hacer que, preferiblemente y si se puede, el personaje principal sea mujer. Bien, dependerá de la historia a contar y del género, pero a veces no puede elegirse. En novela histórica hay épocas donde la mujer no contaba para nada (aparte de hijos y hogar). Hacer que sea mujer porque pueda interesar más de cara a los lectores puede significar un anacronismo que puede matar la verosimilitud de la historia.
Claro, eso no quiera decir que la historia con esa licencia no sea atractiva. A lo mejor lo es más de cara al público; y puede interesar al autor y a la editorial. Yo prefiero respetar la Historia; que no tiene que ser incompatible con una novela emocionante. La próxima entrada hablaremos más sobre esto, y sobre las licencias narrativas del escritor.
domingo, 24 de julio de 2011
¿Hay tipos de Literatura?
Había pensado titular esta entrada "Literatura: entretenimiento vs. introspección". Pero he pensado ir más allá. Hace tres días en una comida de trabajo entablamos los asistentes una improvisada conversación sobre libros y autores (la excusa la dí yo, al comentar que mi siguiente novela "EL MÁRMARA EN LLAMAS", saldrá publicada en Marzo de 2012 por Ediciones B. Cualquier momento es bueno para promocionarse). Cada uno tenía sus autores y sus libros, y llegamos a un punto en que varios de los comensales dividían la literatura en dos grandes campos: lectura de entretenimiento (con la coletilla de "consumo masivo") y lectura de autor (con la coletilla de "autor reducido e introspectivo")

Del primero se habló de ejemplos como Noah Gordon y Ken Follet. Todos los autores, al final, escriben sobre los mismos temas: las pasiones, esperanzas y sufrimiento de hombres y mujeres, ya sea en el pasado, en el presente o en el futuro. Entonces, si tratan los mismos temas, ¿qué les distingue? La respuesta: la estructura narrativa, la forma en que interesan al lector, dando pistas, retazos que interrogan al lector y le animan a continuar.
Otros autores fueron tildados de puro producto de marketing, gracias al cual atraen la atención y la confianza por una primera oportunidad de forma masiva (no citaré autores). Pero digo yo, que por muy bonita sea la portada, un libro no se vende por centenares de miles por que sí. Y aquí empezaron las discrepancias; que un libro sea best-seller no le exime de fallos e incoherencias, que a lo mejor una mayoría no nota, pero quien esté especializado en la época y la trama sí.
De aquí se pasó a hablar de otros libros menos "masivos", los de autor. Libros donde en boca de uno "no es importante la historia, sino la forma en que es contada, de una forma introspectiva, dando pinceladas que se quedan ahí, pensando, haciéndote releer párrafos para verlos de otra forma". En concreto se hablaba de Javier Marías. Se hablaba como opinando que esta segunda forma de literatura era en esencia Literatura, mientras que la convencional argumento-presentación-nudo-desenlace era otra "cosa", menos Literatura.
No estuve de acuerdo. Sí llegamos a un consenso: el "Ulysses" de Joyce nos habia resultado inabordable.
¿Qué busca un lector? En mi opinión, leer tiene un único objetivo: salir de uno mismo y entrar en el mundo de "otro". Ésa es la razón de ser de la lectura (lectores), que a lo mejor no es la misma que la de la literatura (autores). Si un libro consigue abducir a su lector, habrá cumplido su misión, no importa si el libro es un best-seller (que no tiene nada de malo que lo lean millones; los escritores no viven del aire), o un libro de autor, o experimental, o lo que sea.
Se encauzó entonces la conversación hacia los libros que dejan posos y los que se olvidan tras ser leídos, y que los que dejan posos son Literatura; los otros no. Fue una afirmación temeraria: cada lector tiene sus gustos, que se ven amoldados por su propia experiencia vital, que hace que empatice más con un autor, o género, que con otros. Lo que a ti te deja posos, a otro le puede resbalar totalmente. Y yo me pregunto qué es eso de dejar posos. ¿Que modifica la visión del lector en algún aspecto de la vida? ¿Que la da una respuesta a un conflicto propio, paralelo al que sufren los personajes, y que sufren un desenlace del que el lector saca un aprendizaje?¿Que te graban a fuego una escena, o un párrafo que puedes recordar una y otra vez, y que consiga emocionarte todas las veces? Seguramente posos también pueden ser sensaciones negativas: por ejemplo, que te resulte aborrecible las descripciones de un autor, o sus diálogos, o la falta de intensidad de sus escenas o personajes.
Entonces, un libro que no deja poso, ¿es un libro fracasado? Hago memoria. He leído muchos en mi vida (y los que falta) y no recuerdo todos los que he leído. Pero los que recuerdo, los recuerdo por algo. Posos. ¿Eso quiero decir que los que no recuerdo pasaron sin pena ni gloria? A lo mejor es eso lo que algunos llaman "libros de entretenimiento o de consumo". Para pasar un rato.
Pero hacer pasar un rato tiene mérito que no debe ser desdeñado. Vivimos inmersos en problemas y rutinas. Nos asfixiamos. Si un libro, por unas horas nos aleja hacia otra realidad, es un logro. Un libro que es leído hasta la palabra FIN es un éxito, sea como sea el libro, cuente lo que cuente. Si el lector llega hasta la última página es que ha dejado poso positivo.
Un libro que no se acaba, eso sí que es un fracaso.
Os dejo un enlace con algunas de las fotos de la Recreación de la Batalla de las Navas de Tolosa (1212) en las que participé. Fue una experiencia alucinante. Y es que para escribir sobre la Historia... si se puede, antes es mejor vivirla.
Los almohades volvimos a ser derrotados. Quizás el año que viene... (el de la chilaba roja en mitad de la refriega soy yo)
Album de Fotos



Del primero se habló de ejemplos como Noah Gordon y Ken Follet. Todos los autores, al final, escriben sobre los mismos temas: las pasiones, esperanzas y sufrimiento de hombres y mujeres, ya sea en el pasado, en el presente o en el futuro. Entonces, si tratan los mismos temas, ¿qué les distingue? La respuesta: la estructura narrativa, la forma en que interesan al lector, dando pistas, retazos que interrogan al lector y le animan a continuar.
Otros autores fueron tildados de puro producto de marketing, gracias al cual atraen la atención y la confianza por una primera oportunidad de forma masiva (no citaré autores). Pero digo yo, que por muy bonita sea la portada, un libro no se vende por centenares de miles por que sí. Y aquí empezaron las discrepancias; que un libro sea best-seller no le exime de fallos e incoherencias, que a lo mejor una mayoría no nota, pero quien esté especializado en la época y la trama sí.
De aquí se pasó a hablar de otros libros menos "masivos", los de autor. Libros donde en boca de uno "no es importante la historia, sino la forma en que es contada, de una forma introspectiva, dando pinceladas que se quedan ahí, pensando, haciéndote releer párrafos para verlos de otra forma". En concreto se hablaba de Javier Marías. Se hablaba como opinando que esta segunda forma de literatura era en esencia Literatura, mientras que la convencional argumento-presentación-nudo-desenlace era otra "cosa", menos Literatura.
No estuve de acuerdo. Sí llegamos a un consenso: el "Ulysses" de Joyce nos habia resultado inabordable.
¿Qué busca un lector? En mi opinión, leer tiene un único objetivo: salir de uno mismo y entrar en el mundo de "otro". Ésa es la razón de ser de la lectura (lectores), que a lo mejor no es la misma que la de la literatura (autores). Si un libro consigue abducir a su lector, habrá cumplido su misión, no importa si el libro es un best-seller (que no tiene nada de malo que lo lean millones; los escritores no viven del aire), o un libro de autor, o experimental, o lo que sea.
Se encauzó entonces la conversación hacia los libros que dejan posos y los que se olvidan tras ser leídos, y que los que dejan posos son Literatura; los otros no. Fue una afirmación temeraria: cada lector tiene sus gustos, que se ven amoldados por su propia experiencia vital, que hace que empatice más con un autor, o género, que con otros. Lo que a ti te deja posos, a otro le puede resbalar totalmente. Y yo me pregunto qué es eso de dejar posos. ¿Que modifica la visión del lector en algún aspecto de la vida? ¿Que la da una respuesta a un conflicto propio, paralelo al que sufren los personajes, y que sufren un desenlace del que el lector saca un aprendizaje?¿Que te graban a fuego una escena, o un párrafo que puedes recordar una y otra vez, y que consiga emocionarte todas las veces? Seguramente posos también pueden ser sensaciones negativas: por ejemplo, que te resulte aborrecible las descripciones de un autor, o sus diálogos, o la falta de intensidad de sus escenas o personajes.
Entonces, un libro que no deja poso, ¿es un libro fracasado? Hago memoria. He leído muchos en mi vida (y los que falta) y no recuerdo todos los que he leído. Pero los que recuerdo, los recuerdo por algo. Posos. ¿Eso quiero decir que los que no recuerdo pasaron sin pena ni gloria? A lo mejor es eso lo que algunos llaman "libros de entretenimiento o de consumo". Para pasar un rato.
Pero hacer pasar un rato tiene mérito que no debe ser desdeñado. Vivimos inmersos en problemas y rutinas. Nos asfixiamos. Si un libro, por unas horas nos aleja hacia otra realidad, es un logro. Un libro que es leído hasta la palabra FIN es un éxito, sea como sea el libro, cuente lo que cuente. Si el lector llega hasta la última página es que ha dejado poso positivo.
Un libro que no se acaba, eso sí que es un fracaso.
Os dejo un enlace con algunas de las fotos de la Recreación de la Batalla de las Navas de Tolosa (1212) en las que participé. Fue una experiencia alucinante. Y es que para escribir sobre la Historia... si se puede, antes es mejor vivirla.
Los almohades volvimos a ser derrotados. Quizás el año que viene... (el de la chilaba roja en mitad de la refriega soy yo)
Album de Fotos


sábado, 6 de diciembre de 2008
Curiosidades de la Literatura (I)

La historia de la literatura tiene un apartado curioso que puede estar más asociado con el mundo de las profecías. Se trata de las serendipias literarias. La serendipia es un término que se refiere a los descubrimientos casuales que realizan los científicos a partir de accidentes o acciones inesperadas. En la literatura este término está asociado más con el relato de una historia de ficción que tiempo después se concretiza en la realidad.
No es un hecho frecuente, pero los ejemplos que existen son en verdad asombrosos. Veamos algunos de estos relatos que se adelantaron a los hechos.
- En el año 1850, el genial Edgar Allan Poe escribe “Las aventuras de Arthur Gordon Pym”. La historia cuenta el naufragio de un barco en los mares del Atlántico sur, cerca de las Islas Malvinas, del que sólo sobreviven cuatro personas que quedan a la deriva en una balsa. Desesperados por el cansancio y el hambre deciden matar a uno de ellos para poder subsistir, por lo que echan el destino a la suerte y realizan un sorteo, siendo elegido el cocinero de la embarcación. Un tal Richard Parker.
Algunos años después, en 1884, una goleta de origen británico naufraga cerca de las islas atlánticas. Sobreviven cuatro personas que quedan a bordo de una balsa. Desesperados, deciden matar a uno de ellos para comérselo. La suerte indica que el asesinado será el cocinero. Un tal Richard Parker.
- Singular es el caso del escritor Jonathan Swift que en su famoso libro del año 1726, “Los viajes de Gulliver”, habla de las dos lunas en el planeta Marte. Les da el nombre de “Miedo” y “Terror” y describe su órbita y su distancia del planeta.
En ese tiempo no se sabía de la existencia de luna alguna en Marte. Pero hay dos. Y fueron descubiertas recién en el año 1877. Las lunas tenían un diámetro muy parecido al expresado por Swift, y además su órbita era prácticamente igual. Las lunas fueron bautizadas como Fobos y Deimos, términos griegos que significan miedo y terror.
- El escritor norteamericano Lester del Rey, por otra parte, publicó en el año 1954 su novela “Viaje a la Luna”. En ella cuenta como la nave Apolón, tras dar unos pequeños brincos se posa finalmente en el suelo lunar. Y cómo cuando se abre la escotilla desciende de la nave el comandante Armstrong para pisar por primera vez el suelo de ese mundo desconocido. Quince años mas tarde la realidad imitaba a la ficción, cuando Neil Armstrong llegaba a la Luna a bordo del Apolo 11.
- Por último, en el año 1898, Morgan Robertson, publicó una obra que se llamó “Futility” y que describía el hundimiento de un gran barco en su viaje inaugural de Londres a Nueva York. Los relatos coinciden con el naufragio del Titanic, sucedido 14 años después de editado el libro. En principio este también se hundió en su viaje inaugural desde Londres a Nueva York. El hecho se produjo por el choque contra un iceberg en los mares del Atlántico norte, tal como sucedía en el libro. También era un barco de proporciones considerables, que se consideraba imposible de hundir. El capitán del barco de novela se apedillaba Smith, tal como el capitán del Titanic.
Aunque seguramente la mayor coincidencia esta en el nombre que Robertson le dio a su barco. Se llamaba “Titán”.
¿A qué estas historias resultan asombrosas?
Fuente: http://sobrecuriosidades.com/
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