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lunes, 1 de octubre de 2018

¿Pero todavía va gente a las librerías?



Es el comentario que me hizo hace unos días un compañero de trabajo. Según él, como vivimos en un mundo global, ¿para qué ir a una tienda, si todo puede comprarse online? Y es que esa parece la tendencia para todo. Antes ibas a una tienda porque tenía escaparate donde ver qué ofrecían y entrabas a comprar porque era donde podías adquirirlo. Ahora, ni siquiera los productos perecederos se salvan. Todo puede comprarse a través de una pantalla. No es necesario salir de casa.
                No es que sea algo malo. Es práctico, desde luego. Yo también compro online, y casi siempre libros. Pero mi preferencia es acudir a una librería. Compro online porque no tengo tiempo de escaparme dos horas a perderme entre libros. Cuestiones de tiempo y familiares.

                ¿Qué busca alguien en una librería?

                -Una recomendación de lectura por parte de un librero. Pero mi compañero dice que ya por la red puedes encontrar la opinión de miles de consumidores sobre cualquier cosa, que miles de anónimos comentaristas hablan sin tapujos de lo bueno y de lo malo, sin sesgos interesados. Que un librero no puede saber sobre todos los libros que vende, así que al final casi seguro que lo que te comente no te aporta nada.



                -La lujuriosa satisfacción de ver estanterías llenas de libros, posibles lecturas satisfactorias. Pero mi compañero dice que en cualquier web de libros un lector curioso puede hallar lo mismo en su inacabable catálogo digital.

                -El placer encontrar un libro insospechado que le sorprenda. Pero mi compañero dice que eso de comprar al azar no requiere ir físicamente al establecimiento.

                -Una librería es un punto de encuentro cultural. Pero mi compañero dice que no, que una librería es un almacén de libros, que trae libros de otro almacén aún mayor, y que para qué pagar por un intermediario.

                -La palabra escrito porque alimenta la imaginación y la curiosidad. Pero mi compañero dice que ver una página llena de letras le aburre y está obsoleto. Lo que hay que hacer, dice él, es presentar las historias de los libros en formato serie o documental, con modelos tridimensionales, escenarios, música evocadora, algo excitante que no aburra, y que no requiera tanto esfuerzo de concentración.


 Pero la gente sigue leyendo (salvo mi compañero). Cada año se sigue celebrando la Feria del Libro de Frankfurt (este año del 10 al 14 de octubre) donde acude cientos de agentes y editoriales a negociar publicaciones y traducciones de miles de libros, de un país a otro. La lectura sigue viva, compitiendo con otras formas de entretenimiento audiovisual. Pero la palabra escrita es la fuente madre de la que se alimentan esas otras formas. Acudir a la fuente madre es una poderosa experiencia. Cada libro es una llave a otro mundo, pero ese mundo depende de cada persona, de sus emociones, experiencias e imaginación. En algunos se convierte en adición. En otros, nada. La palabra escrita no es para todos. Y sin embargo esa misma palabra en imágenes puede convencer a los renuentes. Al final, lo que pasa es que queremos que nos cuenten historias, y nos gusta el aspecto tribal de compartir esas historias y experiencias.

Por eso acude la gente a la librería, para convertir una actividad solitaria en una actividad de tribu. Por eso podrás jugar online en casa, pero preferirás hablar de libros en persona con otros bibliópatas en una librería.

Creo que quien no lee se está perdiendo uno de los placeres de la vida.

martes, 4 de abril de 2017

Mis dos centavos: los libros matan

Si pregunto quién fue Lope de Vega, muchos sabéis la respuesta. Autor del Siglo de Oro, escritor de comedias de éxito, enemigo de Góngora y de Cervantes, y luego también de Quevedo... Mujeriego, apasionado, insomne, experto espada y de mano firme y escritura desbordante.

¿Pero quién sabe quién fue Cayetano Alberto de la Barrera?
Silencio.

Yo no lo conocí hasta que comencé la documentación para LOPE. LA FURIA DEL FÉNIX. Su historia es bastante triste. La de un lector que quiso vivir de su ilusión: de los libros, y no lo consiguió.

Era hijo del farmacéutico Antonio de la Barrera y Canales, cuya familia provenía toda del ámbito militar, y de María de la Concepción Leirado y Ortega.
Nació en Madrid y a pesar de su mala salud estudió en el Colegio Imperial de los Jesuitas y obtuvo el bachiller en Filosofía en el Colegio de San Carlos. Quiso hacer Derecho, inició Medicina, pero la carrera que terminó fue la de Farmacia en 1837 y trabajó en la botica de su padre, ya enfermo: marchó por cuestiones de salud a un clima más seco y puso una farmacia en Martos  (Jaén) durante dos años. A fines de 1844, recuperado, ya estaba otra vez en Madrid. Murieron sus padres en 1852 y tras llevar la botica cuatro años la malvendió en 1856, consumiendo su patrimonio en comprar libros raros para sus investigaciones bibliográficas, pero subsistiendo de las rentas de una propiedad heredada.



Libros, libros, libros por todas partes. La historiografía era su ilusión. Y sacrificó todo lo demás por ella. Casó tardíamente en el año 1867 con 51 años y un mal negocio le hizo perder la mitad de sus bienes; como además tuvo una niña, (luego tendrá otras dos) tuvo que vender sus libros, volver a trabajar de farmacéutico y hacer oposiciones para el Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, a lo que le daban derecho sus numerosos trabajos bibliográficos, pero en ausencia de plazas, fue creada una a duras penas para él de miserable oficial tercero en la sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional encomendándosele la ingrata tarea de confeccionar un índice por materias. Murió pobre dejando tres niñas en la infancia y una viuda, para la que se le pidió una cortísima pensión.

Se dedicó con pasión al estudio de los genios españoles del Siglo de Oro, y él debemos una importante biografía sobre Lope de Vega, con la aportación de nuevos datos, apuntes y manuscritos que mostraban al verdadero Lope. Le supuso numerosos quebraderos de cabeza con la moralidad imperante del s.XIX. Lope ya no era un cristiano abnegado y luego sacerdote, sino un mujeriego pecador del que podía decirse mucho malo y poco bueno.

Me lo imagino a veces renegando de sus malas decisiones: dejar una botica que daba ingresos seguros por una afición a libros malolientes, añejos y desvencijados, y por un puesto misérrimo que le hizo malvender su propia biblioteca para dar de comer a su familia. En su cuarto, se sentiría como el Bibliotecario de Alejandría; fuera, con los lloros de las tres niñas y el lamento de su mujer, la zarpa de la pobreza, se sentiría el más desgraciado de los hombres.

Los libros matan. O más bien, los libros requieren sosiego. Algo que en la vida moderna se carece cada vez más. Y lo que mata es nuestra frustración por no poder dedicar más tiempo a nuestros libros.



jueves, 14 de abril de 2016

Mis dos centavos: Por Itálica

Ayer pude disponer de la tarde entera para mí. En Sevilla son días de feria a pesar de la lluvia. Se acerca la fecha del 23 de abril, comienzo de muchos eventos en multitud de Ferias de Libros en nuestro país. Después de pasar la semana pasada por Guillena, tengo una conferencia y una presentación previstas en la FLG 2016. Sigue en marcha la promoción de mi nueva novela "LOPE. LA FURIA DEL FÉNIX", con entrevistas y saludos a los lectores. Del trabajo que me paga las facturas mejor no os cuento nada, salvo que todo va a peor.

Entre viajes y familia, libros y obligaciones, me tomé el capricho ayer de volver al pasado y viajar dos mil años atrás en el tiempo, hasta la colonia romana de Aelia Augusta Itálica en Santiponce (Sevilla). No había casi nadie. La Feria de Abril es lo que es. Y esta ciudad romana está dormida desde que en 1984 dejaran de realizarse excavaciones para su estudio.



Mientras recorría sus calles antaño porticadas y habitadas por treinta mil ciudadanos, y sus solares que duermen bajo campos labrados ocultando sus secretos, pensé en lo que fueron, en lo que son ahora. Los libros. Se oyen noticias pavorosas sobre el mundo de los libros. No se lee. Cifras de ventas que antes eran ridículas ahora son superventas. El único remedio que conozco es escribir mejores libros. Si es un ciclo, se verá. Si es el fin, se verá también.

Lo mejor fue la sorpresa que guardaba el anfiteatro. No me había fijado antes en los grafitis que adornan los ladrillos de las galerías bajo la cavea. Allí está el testimonio escrito de quienes hace años pasaron, como yo, por esas galerías. Hicieron mal, quizás, pero ahí estaban sus nombres, sus dedicatorias. Busqué las más antiguas que pude.



"Pedro Pintor estuvo aquí en el año de la victoria, 27-7-1936" 
"Bernardo Jimenez, 1912"
"Jeronimo para María, 1902"
"Aquí estuvo Federico el día que entré en la Universidad de Sevilla y que me vaya bien, 1967"

Y muchas más fechas y nombres, 1923, 1925, 1927, 1932. En aquellos ladrillos en penumbra, con trazos de carboncillo que las filtraciones han cubierto de una película de calcita, preservando por mucho tiempo, esas personas querían preservarse de alguna forma. ¿Muertos, separados, con hijos, con nietos, desaparecidos, emigrados? ¿En luna de miel, de excursión, como amantes furtivos? Sintieron la necesidad de dejar algo, de escribir en esas paredes que habían sobrevivido dos mil años. De escribir y de que alguien, quizás, les leyera y se preguntara por ellos. De dejar impronta, con la esperanza de no morir del todo ni para siempre.

El que escribe, aspira a que alguien lo lea. Yo los leí ayer, a muchos, hasta donde pude leer. Cada ladrillo podía ser una lápida funeraria. O un libro testamentario. Una cápsula del tiempo. Emocionado, decidí que el hecho de escribir no morirá. El de leer quiero creer que tampoco.

lunes, 26 de octubre de 2015

ROTURA DE STOCK, O CÓMO PERDER A UN LECTOR O GANARLO.

El mundo editorial tiene un vocabulario propio y rico para designar cada elemento, cada engranaje, que forma parte de la maquinaria del Universo de los Libros. Uno de sus términos es temido por autores, libreros y distribuidores, y aunque no lo sabes, quizás también por ti, lector.

Es el término Rotura de Stock.




Imagina que andas pensando varios días si comprarte o no determinado libro. Un libro que sabes que se vende, que no es muy antiguo y que a lo mejor te lo encuentras anunciado de repente en promoción. Estamos hablando de libro impreso, no en digital. Entras en una librería y lo encargas en persona, o bien online, y te dicen en la librería que está DISPONIBLE. Lo encargas, en una semana estará en tus manos.

Pues no.

Pasa una semana tras otra. ¿Será que coincide el reparto con algún festivo? ¿Será que en septiembre se da prioridad al libro escolar? Será, será... Te mosqueas. Te llegan correos, diciéndote que tengas paciencia. Santo Job, no te olvides de mí. Pasa un mes, te dicen que existe Rotura de Stock y que no pueden servírtelo. Te quedaste sin libro.

La Rotura de Stock es un desajuste entre la oferta y la demanda, que provoca en algún momento que la demanda supere la disponibilidad del libro en cuestión. Se puede producir a nivel de Librería, de Distribuidora o de Editorial. Puede darse tanto con libro nuevo como con libro viejo (con más de 6 meses de vida, para entendernos). A nivel de librería no es problemático. A nivel de distribuidora o editorial puede serlo.

Cómo se produce. Librerías, Distribuidoras y Editoriales tienen su Almacén. Las tres forman una jerarquía, si en un almacén no hay se pide al del nivel superior. Cuando los ejemplares de una tirada están todos distribuidos, digamos que están inmovilizados en los estantes y escaparates, no están en rotación, no vuelven a dormir a alguno de los tres almacenes. Si entonces alguien pide, no se le puede suministrar. También puede suceder que se hayan vendido todos. Eso es más raro: ya se encargaría la editorial de hacer una reimpresión si eso sucede, le interesa vender mientras haya demanda.

Si hay libros disponibles, pero están inmovilizados en las librerías, eso significa que el lector puede que lo encuentre en otra librería. Un librero pierde un cliente, otro lo gana. A lo mejor, también el autor lo pierde; el lector puede preferir no darse más paseos, y compra otro libro.

La rotura de stock puede suponer la pérdida de ventas posibles para la editorial; o un incentivo para sacar rápidamente una nueva tirada de ese libro para aprovechar la demanda.

Existe una forma de rotura de stock propia de grandes centros de venta (GCV). Una falsa rotura de stock. En los grandes centros de venta de libros, su almacén no acapara ejemplares para poder atender la demanda de sus lectores, sino en función de sus convenios con editoriales. Eso significa grandes cantidades de muy pocos títulos, y muy, muy pocos, de muchos títulos. Su objetivo es una rápida rotación de novedades en busca del superventas que cuadre las cifras, donde no importa lo que el Lector quiere comprar, sino que que compre lo que el Vendedor le quiere vender. Recurren a la manida frase: "Lo siento, está descatalogado".

Lo cual no suele ser cierto: lo que dicen es que el libro que tú quieres ellos no lo venden, que compres otro de los que tienen. "Lo siento, está descatalogado" supone que GCV no va a solicitar ese libro que pides a la distribuidora o a la editorial. En su almacén de GCV hay lo que hay. Lo compras, o te vas. En mi caso, me voy.

Esa es la forma de perder un lector, un cliente, un autor, una presentación, un acto de firmas.
Una forma de ganarlo es no engañar al lector. MI MORALEJA: Ve a una librería, de esas que sólo venden libros, no a un GCV que trata a los libros como longanizas.


lunes, 11 de mayo de 2015

Comprar libros a ciegas 002/365

En la Casa del Libro de Málaga, han tenido una idea genial consistente en envolver libros, dar pistas a los lectores e invitarles a comprar a ciegas. ¿Se fiarán del criterio del librero?

¿Te fiarías tú?

Porque el librero se convierte así en un amigo, casi en un psicólogo. En un vaticinador: Eres lo que lees. ¿Leerás esto? Así, comprar libros vuelve a ser un descubrimiento, una sorpresa, un viaje al paraíso. Más, si cabe.


Bitácora 002/365. Gracias a Jesús Lens por la noticia.

domingo, 10 de mayo de 2015

Joseph Campbell y "El héroe de las mil caras". 001/365

Semana terrible. No sólo por la ingeniería y la política a todas horas salpicando (en la tele y en el trabajo), también en las redes sociales sobre la piratería digital, la desidia de las administraciones públicas, la desconfianza, la apatía, la indiferencia de los lectores, la desilusión. Por escribir, por crear, por comunicar.

La semana pasada leí un libro maravillloso. Joseph Campbell y "El héroe de las mil caras".



Y no he parado de pensar en él, en cómo los mitos han sido un puente durante milenios entre la dura realidad y la comprensión de las cosas. El viaje del héroe: la salida, el paso por el Umbral, y el consejo / guía del Guardián del Umbral; la iniciación, las pruebas (que son las pruebas de la misma vida), el logro de la meta; y el regreso. El reparto del elixir, del conocimiento. Un círculo, que se inicia. Una y otra vez.

He comprendido, no que Ulises era un hombre, sino que cada hombre es Ulises, o que cada hombre lucha por ser como Ulises, por no desfallecer, por marchar a Troya a luchar con la esperanza de regresar a Ítaca, pronto, tarde, ¡regresar!. He comprendido que los Portales están ahí, en cada actividad. Los portales y los Guardianes del Umbral. Al abrir un libro. Al conectarse a Internet. Al visitar a amigos y familia. Al atravesar cualquier puerta. Al poner el bolígrafo sobre un papel en blanco.

En una búsqueda errante de un Guardián que me guíe en mis pasos, he comprendido, que, pronto, yo mismo seré un Guardián cuando mi hijo cruce el Umbral que su madre ha estado preparando por meses. Ya falta poco. Sí. Por él, seré. Espero guiarle con fortuna.

Al igual que me he propuesto un Plan. Me he propuesto escribir todos los días una entrada, por 365 años. Algo positivo sobre libros, todos los días. No más negativismo. Es un Plan que me propongo. Escribir poco o mucho en este blog. Sea leído, o no. Espero que mi ilusión mejore con ello.

Buen domingo. Esta es la bitácora 001/365

domingo, 12 de abril de 2015

Escribir una novela (XXIV): librito o novelón

Cuando comienzo a pensar en una nueva idea, en un nuevo argumento, aparte de tener una escena como punto de partida y una ambientación de época que rodee la historia y la complete, me hago una reflexión: cuántas páginas deseo escribir para dar forma a mi nueva novela.

No es asunto baladí.¿Importa eso al desatar la creatividad? ¿No dicen que cada historia, si se hacen caso a las Musas, acaba teniendo las páginas que necesita, ni más ni menos? Las Musas inspiran, pero el que escribe y decide es el escritor. ¿Es necesario detallar cada mínimo gesto de los personajes? Hay que tener en cuenta que se debe detallar cuando lo que se detalla es importante para la novela, y no sólo si es ambientación.



Novelas con mil y pico páginas, haberlas haylas. Con trescientas y menos, también. Un escritor puede necesitar decenas de páginas porque desea contarnos algo relevante, o simplemente pretende causar placer estético al recrearse, o bien, se le va de las manos las subtramas y los personajes. O bien, porque realmente es una novela coral que necesita todo eso. Es fácil rellenar cientos de páginas: crea muchos personajes y cruza sus vidas, que aparezcan conflictos, desenlaces, hechos... Lo difícil, difícil, es mantener el interés del lector es esos cientos de páginas, ahí radicar la habilidad del escritor. Pero por otro lado, ¿es menos hábil quien es capaz de emocionar más con menos palabras? ¿Quien comprime una historia completa en trescientas páginas, sin excesos, sin decenas de personajes, sin tramas que duren treinta años? Yo creo que es más hábil el que reduce que el que extiende. Libros gruesos, libros livianos: he leído de ambas clases, y en ambas he tropezado con auténticas joyas que devoraba horas y horas, y peñazos auténticos que se me atragantaban.

Aparte de la experiencia lectora de cada lector, que influye y mucho en cómo afronta cada nueva lectura, sí me hago una reflexión cierta. Antes, de adolescente, y antes de ponerme yo mismo a escribir, disponía de mucho más tiempo para leer. No me importaban las páginas si el novelón lo merecía. Tragaba y tragaba. Ahora, con más años, más obligaciones, más interrupciones (es ya una utopia disponer de 4 o 5 horas seguidas de lectura), más estrés, más cinismo, más desengaño, más de todo, ya no tengo tanto tiempo. Estoy empezado a tener preferencia por libros de espesor moderado, que no me condicionen mi escaso tiempo en demasía y que no se me eternice la lectura. Así, además, puedo leer más libros, más autores, y recrearme en más narraciones que esperan. Mi "Pila de Lecturas Pendientes" es desasosegadora.

Pero luego reviso mi librería, me regocijo en lo que leí y disfruté, y digo, de tanto en tanto, "¡Qué carajo! Ahora le toca a éste". Sin discriminar si tiene más o menos páginas. A leer y punto.

Importante. Si escribes teniendo en mente un objetivo de páginas, serás capaz de centrarte en lo valioso y en eliminar lo superfluo de tu escritura. Plantéate qué escribir, pero cómo escribirlo para condensarlo en pocas páginas. Es un buen truco para dar agilidad de relámpago a tu manuscrito.
Como recomendación: piensa crear un manuscrito de 300 páginas, y tal que seas capaz de escribirlo en un año.
A partir de ahí, culpa a las Musas.

miércoles, 23 de julio de 2014

Entrevista a Jorge Herralde, editor de ANAGRAMA: "Todo el sector editorial está apaleado"

23.07.2014
Escritores que soñáis y escribís, editores que publicáis....

El pasado lunes salió publicada esta GRAN ENTREVISTA a Jorge Herralde, editor de ANAGRAMA, con 45 años de experiencia a sus espaldas batiendo espadas en el mundo del libro. He realizado la traducción del catalán al español para publicarla en mi Blog. No tiene desperdicio a pesar de su extensión: habla de libros, del mundo editorial, del cambio al ebook, sobre las ventas, sobre los entresijos de su editorial... Disfrutadla.

[PD: leyendo a este hombre me doy cuenta de cuánto libro me falta por leer... ]



(Entrevista realizada por Eva Piquer, para CATORZE -NACIÓN DIGITAL)



Herralde fundó la editorial Anagrama en 1969. Desde entonces, la simbiosis entre el editor y la editorial ha sido absoluta: Anagrama es él. Pero pronto dejará de ser de él.

¿Cómo te he de nombrar, Jordi o Jorge?
Como quieras. Jorge por parte de padre y Jordi por parte de madre.

Anagrama pasará a ser de la editorial italiana Feltrinelli. ¿Cuándo, exactamente?
 Es una venta a plazos. Después de un primer acuerdo con Feltrinelli a finales de 2010, ahora hemos tenido una segunda reunión para acabar de concretar todo. Yo estaré aquí como director general hasta el 1 de enero del 2017. Después seguiré mientras la neurona aguante, pero sin llevar el día a día, que en Anagrama tiene un ritmo muy bestia.

¿Qué harás a partir del 2 de enero del 2017?
Me ocuparé de alguna colección o de algunos autores, asesoraré a Carlo Feltrinelli ...

¿Quién dirigirá Anagrama?
Pondremos un nuevo director literario. Estamos en ello.

O sea, estás buscando tu sucesor.
Exacto. Lo mío es una autovoladura programada al ralentí.

Decías que no tenía sentido vender Anagrama porque con el dinero cobrado montarías una editorial. Pero la has acabado vendiendo...
Lo decía cuando era más joven. La he vendido por imperativos biológicos estadísticamente próximos.

Se te considera uno de los mejores editores del mundo mundial.
Mi viejo amigo -ya fallecido- Jaime Salinas, en el libro de conversaciones con Juan Cruz, decía que el director literario es el catálogo. En una editorial como Anagrama, que tiene 45 años y 3.500 títulos editados, el catálogo tiene un peso específico muy importante. El nuevo director podrá ser más o menos continuista, pero a estas alturas el catálogo ya bastante importante por sí solo. Eso sí: ​​deberá estar atento al aire de los tiempos y deberá tomar decisiones propias. Si yo lo dejara hoy, hay programación para casi dos años, a parte de las incorporaciones que se puedan ir haciendo sobre la marcha.

¿Aunque pasa todo por ti, en Anagrama?
Tengo buenos colaboradores, pero la decisión final es mía. Por ejemplo, la venta de derechos de autor la hice yo durante veinte y tantos años (nada mal, por cierto). Después se ocupó Lali Gubern, que lo fue delegando en Paula Canal, y ahora ya lo lleva Paula. Yo sólo hago algún toque de vez en cuando a algún editor amigo cuando creo que un libro le gustará mucho. De la compra de derechos extranjeros se encarga Jane Pilgrem. Trabaja bajo mi dirección, pero ella tiene su red personal de relaciones con agentes literarios y editores.

Insisto: has ganado un prestigio estratosférico. ¿Cómo lo llevas?
No pienso. A mí lo que me divierte mucho, aunque ahora, es descubrir nuevos autores, hacer política de autor y ocuparme del look final de cada libro: las ilustraciones, los paratextos...

De nuevos autores con potencial podrás descubrir pocos, con un catálogo tan amplio.
Uno de las esclavitudes de los editores es que debemos conciliar paradojas. Por un lado tenemos que hacer política de autor, que ocupa mucho territorio del catálogo, y por otro tenemos que descubrir nuevas voces que reclaman su espacio. En los últimos tiempos hemos descubierto, lanzado o acabado de consagrar fuerza escritores. De españoles, hemos relanzado autores que no habían acabado de dar el do de pecho, como Marta Sanz, que ahora ya ocupa la zona alta de la literatura española actual. Y hemos apostado por jóvenes latinoamericanos muy interesantes, como el chileno Alejandro Zambra y la mexicana Guadalupe Nettel. Alejandro Zambra ha conseguido algo muy difícil y muy bien pagada: que le publiquen un cuento en The New Yorker. Esto lo han conseguido en lengua española Bolaño, Marías y casi para de contar.

¿Cuánto paga The New Yorker para un cuento?
Entre 7 y 8.000 dólares, si no eres una gran estrella. En los años setenta publiqué lo que entonces era el gran maestro del cuento americano, Donald Barthelme. Publiqué le tres libros con mucha ilusión pero escasísimo éxito. Vino a Barcelona y fuimos a comer. Antes del primer plato ya nos habíamos bebido tres vodkas con hielo. Me dijo que a pesar de ser considerado el mejor cuentista de Estados Unidos, a pesar de publicar en la prestigiosa editorial Farrar, Straus and Giroux, él vivía sobre todo de ser la estrella del New Yorker. Cobraba mucho más del New Yorker que de sus libros.

Siempre has defendido la edición con vocación cultural. En 2001, al final del libro Opiniones mohicanas, dabas la bienvenida a los nuevos insumisos. Pronosticaste que los editores independientes no se extinguirían y vas acertar.
En estos momentos hay una crisis brutal en el mundo del libro pero se edita más que nunca, sobre todo en el ámbito de la buena literatura. Aparte de los sellos de calidad de los grandes grupos y de las editoriales independientes veteranas, hay cientos de nuevas editoriales, muchas de las cuales son de editores vocacionales que lo hacen francamente bien y que buscan buena literatura, como la buscaba yo en los años setenta.

En plena crisis eterna, parece que tienen más futuro los editores independientes que los tiburones.
También es verdad que el mercado editorial ha encogido para todos de forma irreversible. El mercado se ha encogido y seguirá encogido. Los grandes tiburones (los has bautizado ti así, y no seré yo quien te desmienta) sufren porque tienen estructuras considerables. Que Círculo de Lectores cierre en Alemania y que aquí se haya vendido el 50% a Planeta es muy significativo. El creador del imperio Bertelsmann cierra el que fue el corazón del imperio durante tantos años. Toda la cadena del libro se ha visto perjudicada por la crisis, pero las editoriales pequeñas ya nacen con economía de guerra: se basan en la autoexplotación, trabajan una o dos o tres personas. Cuando fundé Anagrama también éramos una persona y media: yo y una secretaria por las mañanas. Pero será más difícil, sospecho, que las editoriales independientes que salen ahora se puedan expandir como lo hicieron entonces Lumen, Tusquets o Anagrama y puedan luchar de igual a igual con los grandes, sin nada que envidiarles desde el punto de vista del catálogo literario, al contrario. Hoy proliferan las microeditoriales, las microllibrerías y microagentes literarios.

Y los microperiodistas culturales.
Exacto. Todo el sector está apaleado.

¿Qué dirías a alguien que quiera montar una editorial?
Que adelante, si lo considera inevitable para ser feliz. Que sepa que el camino será largo, con mucho trabajo, con disgustos pero con muchas alegrías. Que se prepare para una maratón.

¿Lo mejor de tener una editorial propia es la libertad?
Sí, claro, siempre.

Esther Tusquets dijo que una razón del éxito de Anagrama y de Tusquets es que ni tú ni Beatriz de Moura habéis tenido hijos, y que habéis encontrado "parejas perfectas" que se han vertido en cuerpo y alma al negocio. A ella, en cambio, los hijos y la vida la despistaron, y por eso Lumen no creció tanto.
Esther era una gran escritora y una gran editora, pero también era muy vaga, sobre todo como editora. No era tan vocacional como nosotros. Es cierto que un editor sin hijos, al igual que un escritor sin hijos, tiene más tiempo y menos preocupaciones, y se puede verter más a la labor editorial oa cualquier tarea profesional. Pero las personas sin hijos no tienen necesariamente la varita mágica del éxito.

Si hubieras tenido hijos, no deberías tenido que vender Anagrama.
Está estadísticamente demostrado que la transmisión de editoriales de padres a hijos es muy difícil, casi nunca sale bien. Conozco tantos casos de editores que han puesto a trabajar a sus hijos y lo han terminado dejando o han peleado... De familias con tres generaciones de editores hay poquísimas. La vocación editorial no se lleva en los genes.

Durante años pareció que los escritores podían vivir de escribir, cosa que ahora es imposible. ¿Nos autoengañamos?
Es bien sabido que, aparte de la burbuja del ladrillo y de tantas otras, aquí hubo una burbuja editorial. Se hinchó a partir de la segunda mitad de los ochenta, cuando confluyeron muchos elementos: una política a favor de la cultura del gobierno socialista, las euforias económicas, el fenómeno de concentración de los grandes grupos, la aparición de los agentes literarios y la irrupción de best sellers de calidad (Bella del Señor de Albert Cohen, La insoportable levedad del ser de Milan Kundera, Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar ... o títulos españoles como Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite y Corazón tan blanco de Javier Marías, que vendieron bastante más de 100.000 ejemplares).

¿Ahora cuántos ejemplares se venden los libros que más se venden?
Nuestro best seller de los últimos tiempos es Rafael Chirbes, con un libro tan a contracorriente como “En la orilla”. El boca a boca ha sido tan fuerte que estamos llegando a los 40.000 ejemplares.

¿El título más vendido de la historia de Anagrama sigue siendo “La conjura de los necios”?
Está empatado con “Seda”, de Alessandro Baricco. De cada uno he vendido casi medio millón de ejemplares.

Los editores todavía puede sobrevivir haciendo de editores, pero los escritores han de buscarse trabajos alternativas.
Que conste que los autores tuvieron décadas gloriosas. Si se escribiera la historia de los adelantos y las ventas del mercado español, se vería que en Anagrama, aunque la leyenda negra que pagábamos poco, la lista de anticipos nunca cubiertos es escalofriante. Suerte de La conjura de los necios y de Patricia Highsmith, que nos ayudaban a compensar la balanza. Cuando un autor se consagraba, tanto si tenía agente como si no, pasaba a cobrar unos anticipos desproporcionados. El Félix de Azúa, Álvaro Pombo, Enrique Vila-Matas: todos. El mercado chupaba hacia arriba. Del 2008 hasta ahora el mercado ha bajado quizás un 40%. Muchos escritores, además de cobrar buenos adelantamientos, vivían de las colaboraciones en prensa y los bolos. Ahora los artículos en prensa se ​​pagan muy poco, si se pagan, y los bolos se han reducido a una centésima parte.

Dices que una editorial es "una máquina sadomasoquista de dar y recibir dolor y placer".
Sí, tiene un punto de sadomaso. Es muy doloroso que un autor se vaya. Cuando eliges publicar un autor, con el primer libro vive una luna de miel. Este enamoramiento se va diluyendo, aparecen voces tentadoras alrededor del autor, hay autores que sucumben a la tentación, y para el editor es una herida. Pero aún es más doloroso cuando tienes que rechazar un autor que ya era de la casa. Le has publicado uno o dos o tres libros, crees que no responde a las expectativas que había generado y lo dejas de publicar para dar entrada a nuevas apuestas. Es muy traumático para el autor, pero también para el editor. Aparte de esto, un editor rechaza cientos o miles de manuscritos al año.

... y algunos de los originales rechazados son de amigos, conocidos o saludados.
Un capítulo francamente incómodo son los amigos personales convencidos de que su vida es apasionante y que escribir es muy fácil. Esto me ha pasado con cierta frecuencia. Normalmente la relación se ha enfriado, porque las heridas narcisistas son muy profundas, y sólo en algunos casos la herida se ha podido suturar.

Se ganan enemigos, pues, haciendo de editor.
Inevitablemente.

A lo largo de 45 años, te habrás visto de todos los colores.
La primera década fue dura, pero superexcitante. Hicimos una galopada por territorios inexplorados. Descubríamos nuevos autores que aquí no se publicaban, luchábamos con la censura (tuvimos nueve o diez secuestros de libros), ya la vez íbamos construyendo un catálogo. Lo respondía al aire del tiempo. La censura y el franquismo eran obstáculos estimulantes.

Debió ser una época esperanzadora: ya se veía la luz al final del túnel franquista.
Veíamos que la dictadura agonizaba, aunque fue una agonía demasiado larga. Desde el punto de vista financiero fue difícil: sufrimos la crisis de nuestra distribuidora, Enlace, y las crisis en América Latina, con países que nos dejaban de pagar de un día para otro. En los años setenta las dictaduras latinoamericanas cortaron de forma drástica la importación de libros de Anagrama, o eliminaron nuestros distribuidores. Yo pasé por Chile el año después de la muerte de Allende y nuestro distribuidor, que era un activista político, había desaparecido. Después vino el efecto desencanto: la gente se cansó de los libros de ensayo político.

¿De repente?
Y tanto, te podría dar la fecha exacta: Suárez gana las elecciones y mucha gente izquierdista, contraria al rey y al orden burgués, partidaria de la ruptura y no de una reforma aguada, o se droga o se va a la India o se dedica a leer literatura. También están los que ingresan en partidos políticos y consideran que su formación lectora ya se ha acabado. El caso es que de golpe hay una serie de libros políticos y de autores que quedan obsoletos.

¿El interés por el ensayo político ya no se ha recuperado?
De vez en cuando interesa algún libro, pero de forma minoritaria.

Esta caída del ensayo político te debía empujar a hacer una apuesta clara por la narrativa...
La hice desde el comienzo, con la serie Informal 1970, aunque al principio nos centramos en el ensayo. En 1977 creamos la colección Contraseñas, que fue el banderín de enganche para muchos jóvenes inquietos, seducidos por la contracultura y hartos de la política: leían Charles Bukowski, Tom Wolfe, Richard Brautigan ... Pero las dos colecciones fundamentales llegaron en los ochenta: Panorama de Narrativas y Narrativas Hispánicas. Comenzó entonces el boom de la buena literatura. A principios de los ochenta hubo una recuperación económica; y en los noventa, una consolidación. Quizás la mejor época de Anagrama fue del 2000 al 2008. Hemos tenido muchos autores que les ha costado triunfar pero que han acabado protagonizando una explosión, triunfando absolutamente. No tengo ninguna varita mágica, también hemos apostado por autores que no han encontrado nunca los lectores que merecían. Pero hay que sí los han encontrado: Tabucchi era un autor de culto hasta Sostiene Pereira, Kapuscinski hasta Ébano, Vila-Matas hasta Bartleby y compañía, y tantos otros.

Esta es la gracia de hacer apuestas por autores: algunas salen bien.
Sí. Y ahora el fenómeno más claro es Chirbes, con libros a contrapelo, que de entrada no parece que vayan a contribuir a la felicidad del lector, pero que resulta que sí hacen felices a los lectores literarios. Es un escritor fuera de todo circuito de amiguismos, que hace libros muy potentes. De repente se le considera el mejor escritor actual.

¿El de Rafael Chirbes ha sido uno de los éxitos más inesperados?
Que llegara a tener tanto éxito no se lo esperaba nadie. Hasta ahora Chirbes había tenido muy buenas críticas y había triunfado en Alemania, gracias en buena parte al gurú de la crítica Marcel Reich-Ranicki. Pero no podía ni soñar que tres novelas suyas estarían en la lista de los críticos literarios de El Mundo de las 25 mejores de los últimos 25 años: En la orilla (la número 1, según los críticos), Crematorio (la número 3) y la larga marcha (la número 8).

¿En qué casos el olfato te decía que un libro funcionaría y ha pasado sin pena ni gloria?
A mí el olfato me dice si un libro es bueno y si encaja en el catálogo de Anagrama. El éxito comercial todavía me proporciona sorpresas, porque depende mucho del boca a boca.

A Anagrama siempre ha dado mucha importancia a la promoción, y ha tratado muy bien los periodistas culturales.
Durante quince o veinte años fui yo mismo el jefe de prensa de Anagrama. La promoción me divierte, me lo paso bien, pero también lo hago por motivos éticos: me parece criminal publicar de cualquier manera el libro de un autor que, con mejor o peor fortuna, ha puesto todas sus vísceras. Nosotros lo que hacemos, como tú sabes muy bien, es tocar el tam tam de la forma más verosímil y creíble posible. No sé cuantos cientos o miles de ruedas de prensa habremos hecho. Por ejemplo, todos los autores del famoso dream team británico han venido aquí entre cinco y diez veces.

También ocurre que los periodistas tenemos debilidad por los editores independientes más que por grandes grupos.
Sufrís, por fortuna, el síndrome de David versus Goliat. Los buenos periodistas aprecian nuestra labor cultural.

Buena parte del mercado de Anagrama es en América Latina...
Sí, desde los años ochenta. Y a partir de 2000 empezamos a publicar simultáneamente en España y en América Latina todos los escritores latinoamericanos, esto es algo diferencial respecto a los grandes grupos que sólo publican los muy consagrados. Anagrama está mejor instalada en librerías de México y de Buenos Aires que en Barcelona o Madrid. Hemos conectado muy bien con los jóvenes lectores de América Latina, donde no llega toda la morralla de best sellers en lengua española que invade las librerías aquí. Allí ya no los envían porque saben que no se venden.

¿Qué parte del volumen total del negocio de Anagrama lo ocupa Latinoamérica?
El 25 o 30%.

Los primeros títulos de Anagrama fueron en catalán, y ahora mantenga la colección Libros Anagrama. ¿Una editorial independiente catalana con el mercado únicamente en catalán lo tiene chungo para sobrevivir?
Sí, pero a la vez tiene menos riesgo, porque las tiradas son más pequeños. Los adelantos en catalán nunca han llegado a ser tan bestias como en español. Sí que ha habido un exceso de premios de los que sólo sirven para desquició el mercado. También es verdad, y esto sonará impopular, que los editores catalanes tienen la ventaja de que las editoriales en lengua española publicamos buenos autores, y pueden ir a remolque nuestro. Por ejemplo, nosotros publicamos a Echenoz desde hace 25 años, porque era una debilidad declarada mía, aunque durante mucho tiempo no tuvo nada de éxito. Sólo empezó a vender algo a partir del premio Goncourt. Finalmente ha llegado la moda Echenoz, y en catalán se ha empezado a publicar hace cuatro días, cuando el editor en lengua española-que soy yo-había pasado veinte años picando piedra.

¿Cómo ves el proceso soberanista?
Mis genes patrióticos son prácticamente cero. No soy catalanista, y menos españolista. Me aburre bastante hablar de este tema, como puedes comprender. Ya lo dije hace dos años en una encuesta de La Vanguardia: aparcando turbulencias emocionales, que no es nada fácil, yo confiaba sin énfasis en una opción federalista de izquierdas, y sigo así.

¿Sigues confiando en el federalismo?
Igual que antes. Sin énfasis.

Algo está pasando en Cataluña.
Están pasando muchas cosas, pero hay que ver si son viables o si están bien orientadas. Hay unos handicaps objetivos muy fuertes, unas ilusiones despertadas en la gente también muy fuertes, una posible frustración aún más fuerte... Pero yo lo entiendo perfectamente. Intento ponerme en la piel de un chico de 18 o 20 años en Cataluña o Madrid y lo más sexi es ser independentista o ser de Podemos. Votar los políticos de toda la vida es un horror, se han ganado el descrédito a pulso.

¿Has mantenido siempre el listón de exigencia, sin dejarte llevar por según qué vientos?
Me he dejado llevar por la calidad. La calidad es difícil de definir científicamente pero es muy fácil de observar si se mira un catálogo. En las listas del año pasado en los suplementos literarios hubo unanimidad a favor de Anagrama. El listón lo hemos mantenido, con más o menos acierto comercial.

¿Puedes confesarnos algún error? ¿Algún libro que deberías haber rechazado?
Hay libros que he publicado con poco entusiasmo, pero no son errores. La política de autor te da muchas alegrías pero también tiene servidumbres: de vez en cuando te toca publicar algún título de un autor que es inferior a sus estándares y que deberías preferido ahorrarte.

¿Te has leído todos los libros de Anagrama?
La inmensa mayoría. Dejé de leer algunos de los ensayos más especializados de la primera década. Y si he publicado 25 títulos de la Highsmith, tal vez hay dos novelas de ella que no he leído. Tampoco tengo una necesidad imperiosa de leerlos absolutamente todos. Las primeras novelas de cada autor que incorporamos al catálogo me las leo siempre.

¿Lees libros de la competencia?
Muy pocos, no me queda tiempo. Soy un editor que se lee sus libros y que en publica muchos, 75 cada año a parte de los de bolsillo. Leo algún Marsé, algún Mendoza ... Pero estoy empalagado, saturado y me da miedo empezar a leer un libro de la competencia...

... y que te guste.
No, no: y que por culpa de ello descuide los manuscritos que tengo pendientes de leer, y que estos manuscritos amotinen en mi contra. Sí que sigo toda la prensa cultural. Y leo mucha no ficción, porque me interesa y me relaja: memorias, dietarios, biografías, política... No te diré que me he leído Plan entero, pero casi.

¿Debemos sufrir por el futuro del papel?
Es muy pronto para jugar a hacer de futurólogos. Hay una crisis económica brutal y global, y existe el cambio de hábitos generado por el mundo digital. No me refiero al libro digital, que en nuestro caso es del 2%, sino a los chicos de 18 o 19 años que antes se iniciaban en la lectura adulta a través de los libros de bolsillo, porque tienen un precio más asequible. En todo el mundo se han desplomado las ventas de las colecciones de bolsillo, para que sus consumidores naturales se pasan horas jugando con cacharritos.

¿La piratería te afecta?
Hay editores más alarmistas que yo en este sentido. Yo creo que nos afecta mucho más el cambio de hábitos. Eso sí: ​​es muy grave que el gobierno español no haya hecho nada para atacar la piratería. En países como Alemania, si te bajas un libro recibe una denuncia en el acto. Hace poco tuvimos una reunión varios editores con Soraya Sáenz de Santamaría. Nos informó que habían aprobado unos artículos del código penal que eliminarían la piratería. En una charla posterior de pie, le dije que hasta que no salga en el periódico que el señor Tal le han puesto una multa de 5.000 euros por bajarse un libro, la gente se pasará el código penal por el forro.

El papel sobrevive contra pronóstico.
Este era un pronóstico inducido por que estaban interesados ​​en la desaparición del papel: los fabricantes de aparatos iban presionando la prensa y cada dos por tres salían artículos sobre el fin del libro de papel. Pero habrá que ver si el sector aguanta la crisis y el cambio de hábitos o si acabarán cerrando todas las librerías.

Hay crisis peores, como la del periodismo.
O la de la música. Pero estamos hablando del sector editorial, no quiero decir que seamos los únicos mártires.

Si volvieras a nacer, ¿volverías a montar Anagrama?
Supongo que sí, pero me sería más difícil. Y te aseguro que no fue nada fácil.

El mundo literario catalán y español se divide en dos tipos de personas: las que querrían ser Jordi Herralde y las que querrían ser editadas por Jordi Herralde.
Me parece que exageras.

Sí, pero no mucho


(Entrevista realizada por Eva Piquer, para CATORZE -NACIÓN DIGITAL)