viernes, 22 de marzo de 2013

Reflexiones de unas Jornadas de Novela

El pasado fin de semana (16 y 17 de marzo) se celebraron en Granada las Primeras Jornadas de Novela Histórica (Nuevos narradores de Al-Ándalus) en las que Ana Morilla, Carolina Molina y yo hemos estado implicados como organizadores. Han sido dos días memorables. Primero, por la enorme calidad de los autores y ponentes en las mesas redondas; segundo, por la gran presencia de público y sus intervenciones; y tercero, por la ayuda logistíca prestada por todo el personal de la Biblioteca de Andalucía en Granada, sede del evento.



Acercar libros y novela al público y lectores era la meta buscada, y se ha conseguido de pleno. Además de las mesas redondas se había organizado un stand de libros, y entre sesión y sesión se dio oportunidad a los autores para firmar libros al público. Otro éxito. Creo que hacía tiempo que los autores que participaron no se sentían acosados en busca de su dedicatoria.


Y es ese contacto autor/lector el que puede hacer que una lectura sea una experiencia única. Como ya he dicho en una entrevista, un autor debe conseguir que el lector tenga una Experiencia de su libro, antes siquiera de que abra el libro. Experiencia con mayúscula en el tú-a-tú, por ejemplo revelando detalles del proceso de creación, su relación con su situación personal, las curiosidades de su documentación previa, las serendipias que se producen durante todo el acto de escritura... todo eso marca una Experiencia en el lector, le implica emocionalmente con el autor y le hace vivir la lectura de una forma totalmente diferente.




El autor también recibe algo a cambio. En este país nuestro donde muchos prefieren otras formas de ocio, donde no se apoya la lectura institucionalmente, donde hasta los medios de comunicación no hacen acto de presencia por intereses que no se comprenden, es ilusorio suponer que la presencia en unas jornadas literarias compensa económicamente unos gastos de desplazamiento, una estancia en hostal, pensión u hotel, una consumición de desayuno, comida y cena. No, no compensa desde ese punto de vista, pero eso es un defecto de nuestro tiempo, de nuestra época: todo hay que reducirlo a beneficio económico. Qué vida más triste, si todo, todo, se moviera por ese único punto de vista.




Escribir es un acto solitario, un acto de años. Transcurren años desde que se pone la primera palabra en la primera hoja en blanco de nuestro manuscrito (en papel, o en digital en nuesto ordenador) hasta que el manuscrito se hace físico en forma de libro, si hay suerte. La enorme mayoría de los que escriben lo hacen por afición, no es la actividad laboral que paga las facturas del día a día, con lo que muchas horas se roban al sueño, a los amigos, a la familia, a otros deseos. Es como estar en una cueva, donde las paredes son tu mollera, y donde en la oscuridad a veces las sombras se pueblan de personajes, y también de fantasmas. Decir que escribes y que te miren con sorna no ayuda a salir de esa cueva.


Lo que estas jornadas permiten es ese contacto autor/lector, que vivifica; y el encuentro con otros compañeros de letras puestos todos de acuerdo en salir de su aislamiento, de su mundo de letras donde el mundo real mágicamente cambia, retrocede, se transforma. Las veladas se alargan, las ideas bullen y crecen, se desbocan, parece que por un día tengamos que agotar nuestra verbalidad contenida en silencio por tanto tiempo (mientras dábamos forma a nuestras tramas y argumentos). Entre los autores asistentes yo no he visto esa proberbial mala leche y envidia que (se dice) son propias de artistas y creadores, he visto a personas generosas que han acudido a Granada porque estas jornadas le parecían más que interesantes. Sí, entre el público sí hubo en algún momento lugar para discrepancias, pero eso también da interés a los debates y no llegó la sangre al río (alguno sí hubiera querido)



La masiva asistencia del público han sido reflejo de que existía ese ansia cultural por estas jornadas, de lo que los organismos públicos competentes debían tomar buena nota. También del apoyo recibido por varias empresas granadinas, desinteresadamente y de los grupos culturales Verso Vivace (poesía andalusí narrada) y Al-Farashat (danza oriental), que dieron a todos una experiencia de Al-Ándalus. En boca de una persona del Magreb que intervino, "la caída de Granada, la pérdida de Al-Ándalus es para el Islam de una importancia mucho mayor que el mito de Troya".

Autores que son capaces de crear Experiencias en los lectores:

-Teo Palacios y "La predicción del Astrólogo"
-Sebastián Roa y "La loba de al-Ándalus"
-Miguel Angel Cáliz y "Horas para Wallada"
-Blas Malo y "El esclavo de la Al-Hamrá"

-Carolina Molina y "Noches en Bib-Rambla"
-José Luis Gastón Morata y "La muladí"
-Felipe Romero y "El segundo hijo del mercader de sedas"
-Manuel Sánchez-Sevilla y "El enigma de las seis copas"
-Francisco Gallardo y "La última noche"

En el Blog de las Jornadas de Granada podéis ver más fotos y videos.

[PD: brevemente os anuncio que el 10 de abril estará en las librerías mi tercera novela: "El señor de Castilla"]


6 comentarios:

Salvador Felip dijo...

Hola Blas,

Enhorabuena por las jornadas y por tu tercera novela.

Un saludo

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Blas:

Me alegro de que las jornadas hayan ido bien.

Suerte con tu nuevo libro.

Un abrazo.

Lola Mariné dijo...

Es muy gratificante ese contacto autor/lector, para ambas partes. Es la compensación a tantas horas de trabajo solitario.
Enhorabuena por esa tercera novela, estás imparable.
Saludos

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Salvador, gracias por tus buenos deseos. Un saludo

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Crónicas, todo fue bien, y el libro ya está casi, casi. Un saludo

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Lola, ese encuentro autor/lector es un aliciente. Guardaré un gran recuerdo. Y mi nuevo libro, ya está aquí. Un saludo cordial