domingo, 2 de diciembre de 2012

A veces llega una avalancha

Esta última semana ha estado llena de vicisitudes. Por un lado la Crisis sigue anegando la vida de nuestras ciudades y pueblos, como si fuera una niebla que se derramara deteniéndolo todo ahora que entramos en los primeros fríos del otoño, aviso del invierno que vendrá. Amigos y compañeros se dispersan por medio mundo para sobrevivir; otros se concentran en su amargura e inquietud alistados en el ejército del INEM, un ejército de gente que poco a poco está perdiendo esperanza y paciencia.



En el mundo cultural y literario me llegan noticias inquietantes. Unos compañeros de letras descubren sus ultimas obras pirateadas, apenas mes y medio después de su puesta de largo, en webs y portales que se ufanan de ser adalides de la libertad de expresión y que agradecen los esfuerzos de los que les proporcionan el material de sus páginas web. Otros me cuentan que este año que comenzará en un mes diputaciones, fundaciones y bibliotecas mirarán más por sus cuentas que por su servicio público, cancelando actividades de promoción y difusión de la cultura si no hay dinero por delante. Dinero, dinero, dinero... todo lo demás parece que queda atrás.

También tuve una llamada editorial que me ha transmitido una buena noticia, si, pero también cierta angustia, y también decepción. Todo el sector editorial está en crisis, ni los gigantes se libran de la hecatombe. Se reduce el número de libros editados, sus tiradas, su promoción... los libros impresos se hunden, lo digital no despega por el lastre de la piratería, y los lectores cada vez suspiran más ante los escaparates de las librerías, sin atreverse a entrar.

Las bibliotecas tampoco tendrán fondos para adquirir novedades. Una biblioteca sin lectores no es una biblioteca, es una tumba de libros. Todo es más difícil, todo es más lento, todo se hace cada vez con menos alegría. La escritura también lo nota, plasmar palabras sobre una hoja en blanco parece cada vez más fútil.

¿Desistir? Jamás.

A veces puede ser el momento de pasar a la acción. De no conformarse.

Espero poder deciros algo más concreto en unas semanas.

8 comentarios:

carolina molina dijo...

Quizás sea momento de unión entre escritores. No tenemos los cafés literarios donde se reunían Valle-Inclán o Machado, pero tenemos internet. Voto por iniciativas para que no nos olviden mientras las editoriales se piensan lo de publicar nuestras novelas. Ánimo.

Lola Mariné dijo...

La verdad es que el panorama es bastante negro y no parece que vaya a mejorar en un futuro.
Pero quizá los que escribimos somos más afortunados porque podemos refugiarnos en nuestro mundo mientras pasa la tormenta.
Yo, de momento, voy a empezar otra novela.
Ya vendrán tiempos mejores!

Marta Querol dijo...

Mucha razón, Blas. Triste pero real, pero como dices, desistir, nunca. La mayoría escribimos nos publiquen o no, pero claro, es mas frustrante y genera desesperanza que puede traducirse en bloqueos, dudas... Habrá que tirar hacia delante y aguantar la marea.
Un abrazo

crónicas de un e-writer dijo...

Son tiempos de cambio, Blas, que generan desasosiego e incertidumbre. Confiemos en que los cambios sean para mejor.

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Carolina, sí que debemos salir de nuestro cubículo, y otear el mundo. Sentir la soledad de las letras es deprimente.

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Lola. Los tiempos vendrán y se irán. Al menos, el refugio queda, aunque días negros, que no invitan a escribir, ni a imaginar.

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Marta. Eres un ejemplo de perseverancia. Y aunque refunfuñemos, seguimos andando. A lo mejor ahora a menos velocidad, pero seguimos. Un abrazo

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Crónicas. Los cambios son constantes y no lo sabíamos hasta ahora. Hay que adaptarse o morir.