sábado, 30 de abril de 2011

Una hormiga entre gigantes (II)

En la anterior entrada os hice mi crónica de cómo viví las últimas jornadas HISLIBRIS en Valencia. En ésta, ya de vuelta a la vida real y tras unos dias de relax en tierras extremeñas y portuguesas, os quiero hablar de qué han supuesto para mí.



En primer lugar, las jornadas me hicieron ver cuánto me queda aún por aprender. Estar junto a Luis Delgado Bañón me dio un buena cura de humildad. Me confesaba, ya jubilado, que para él escribir es un acto a realizar desde la madurez. ¿Cómo se puede imprimir sentimientos en nuestros personajes si no hemos vivido antes sus experiencias y sufrimientos? Yo no he hecho la mili, nunca he estado en una guerra, jamás he matado a nadie, y sin embargo mis personajes sufren, más de lo que yo he sufrido nunca (por ahora, aunque alguna cicatriz que otra ya tengo). Bien, yo reflexionaba, una base personal es importante, pero tenemos una herramienta poderosa para solventar en parte esas posibles carencias: imaginación e introspección. El escritor debe ser esos personajes. Si consigue serlos, es porque está inmerso en su historia; y si él lo está, los lectores lo estarán.

En segundo lugar, un escritor debe estar atento al mundo que le rodea. En las personas con las que habla, sus vivencias, sus actos, puede encontrar inspiración. Compaginar trabajo y escritura es muy complicado, y a veces uno vive en su mundo sin darse cuenta de todo lo complejo que es el mundo, de toda la riqueza de la vida, con sus miserias y alegrías, y que si uno quiere ser un escritor fiel a sí mismo, debe esforzarse por plasmar eso en páginas. A veces todo es como un torrente de emociones, y basta un mínimo incidente para que todo se derrame en la hoja en blanco.

A veces también sucede que la vida te enseña lecciones crueles, tan crueles que no puedes usar las palabras para expresarlas, que es mejor guardarlas dentro de uno para siempre.



Todos los puntos de vista aportan algo, diferente, porque el otro no soy yo, piensa a su manera, con su prisma; y eso enriquece. En la escritura el narrador debe sorprender siempre que se pueda al lector, igual que la vida siempre nos sorprende.

Un escritor debe ser paciente. Tener ambiciones, anhelos de crear esa gran, gran historia que sueña, que le espoleen a mejorar, a sacar tiempo de debajo de las piedras. Algunos de los escritores que conocí coincidían en el método: un guión previo muy elaborado y trabajo constante, poco, mucho, pero de forma diaria. Todo lo que no se usa se atrofia. Yo por mi parte, también tengo un guión o al menos una idea de lo que quiero conseguir, pero me gusta dejar algún cabo al inicio; nunca se sabe cómo se desarrollarán los personajes. Y ésa es la magia de la inspiración.

Hay que ser valiente para dar a conocer a nuestra creación. Hay mucha competencia, y no tenemos que dudar, sino actuar. Hay que buscar siempre hueco para los lectores, hay que soprenderlos, con atrezzo (por ejemplo, el cráneo de oso y la ballesta de Antonio Garrido), hay que dejarles una impronta con hechos, con palabras, con escenas visuales. No basta quererlo para poder vivir de los libros, hay que ser leído, muy leído.



De hecho, ninguno de los escritores que conocí vivían exclusivamente de la escritura, lo que da una idea de lo extraordinariamente complicado que es todo. Y del mérito que tiene llegar a poner la palabra "FIN", se publique o no se publique.

Descubrí la importancia de tener compañeros de fatigas con los que compartir esta travesía, a veces dura y casi siempre solitaria, de la creación literaria, con los que compartir experiencias editoriales, métodos de trabajo, aspectos creativos, ilusiones a pesar del futuro, la crisis y de la desesperanza de nuestro entorno. Si decidimos escribir y que nos lean tenemos una responsabilidad: emocionar a nuestros lectores, y hacer que su paseo por nuestros mundos, por nuestras páginas, no le sea indiferente. Que sea catártico, que les aporte algo. Algo.

Los lectores son un gran apoyo, ¿qué mejor hay para un juntaletras como yo que le digan que les ha encantado mi libro? ¿Que quieren que se lo firme? ¿Acaso mi "otro" trabajo, el que me paga las facturas, me proporcionará nunca eso?

Fue una inyección de energía, moral y vitalidad. Fue eso y mucho más.



Por último, gran noticia: estaré presente en la próxima Feria del Libro de Granada el próximo sábado 7 de Mayo, a las 18:00 horas, en la caseta de firmas. Me hace mucha ilusión porque en Granada "El esclavo de la Al-Hamrá" (Ediciones B) ha tenido una muy buena acogida desde su publicación. Espero que la gente se anime y se acerque a mí.

Hago una pequeña encuesta desde aquí, ¿organizo atrezzo para el evento o será excesivo? ¡Hagan sus apuestas!

10 comentarios:

B. Miosi dijo...

La experiencia a la hora de escribir cuenta mucho, Blas, pero también cuenta la imaginación, como dices, aunque si quieres escribir de manera profunda, que emocione, que el lector sufra ría o se estremezca, debes saber pulsar las teclas apropiadas. Te lo dice quien empezó a escribir en la madurez.
Me gusta mucho como va tu carrera, amigo, espero que las ventas y las firmas en Granada sean ¡muchas!

Un abrazo,
Blanca

Sergio G.Ros dijo...

Estoy con Blanca, Blas.. se te ve muy centrado y con paso firme. También estoy plenamente de acuerdo a que la madurez aporta un balance gravitatorio indispensable para escribir.. pero la imaginación (y la lectura) ayudan mucho.
Un abrazo.

Lola Mariné dijo...

Participar en actos literarios siempre es muy gratificante.
Compartir experiencias con compañeros, conocer a los lectores.
Asi que adelante y disfruta. Es tu momento.

Armando Rodera dijo...

Comparto la opinión de los compañeros, Blas. Creo que tu carrera va muy bien encaminada, se nota todo el cariño, esfuerzo y dedicación que te tomas con la literatura y los resultados te están dando la razón.

Así que ya sabes, a seguir aprendiendo mientras disfrutas de tu gran momento. Y los que te quedan por vivir!!

Un abrazo.

Salvador Felip dijo...

Pues yo disiento de la opinión que hace falta la experiencia. Ningún escritor dispone de la posibilidad de experimentar todo el registro de emociones y de vivir las situaciones que plasma en sus novelas.

Para mí la imaginación es la parte fundamental. A la hora de escribir, como todo, la experiencia es un grado, pero no cuando se trata de imaginar lo que siente un personaje sino, más bien, en el tratamiento de la lengua escrita, la elección de las palabras y la forma de conseguir plasmar esos sentimientos de forma clara.

Un saludo

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Blanca, no sólo es importante la experiencia y la imaginación, también es saber escuchar a quien ya ha vivido más. Te trasmiten sus vivencias, y al final es como si uno mismo también las viviera.

En Granada, todo fue chapó.

Un abrazo.

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola sergio, un paso, luego otro... ¿acaso hay otra forma? Experiencia, imaginación, y saber escuchar, así se reunen elementos para escribir una historia.

Un abrazo

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Lola, lo mismo te digo, y anímate que ya pronto nos darás noticias de tu segundo libro.

Un abrazo

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Armando, lo intento; la semana que viene tendré otra oportunidad.

Un abrazo

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Salvador, experiencia, imaginación y una mente abierta y receptiva a las vivencias de otras personas, así es cómo, cogiendo de aquí y de allá, construimos las historias.

Un saludo